27.02.2026

Papel del microbioma intestinal en la salud cardiovascular

Un consorcio internacional de investigadores del Líbano, EEUU, Bangladesh, Bulgaria, India y Pakistan realizaron una revisión sistemática de la literatura preexistente que se enfocó en analizar el rol del microbioma intestinal en la salud cardiovascular, publicando sus resultados y conclusiones en la edición de diciembre de 2025 del American Heart Journal Plus*.

Hoy, la NOTICIA DEL DÍA comentará estas observaciones.

Introduciéndose en el tema, los autores señalaron que las enfermedades cardiovasculares causan aproximadamente 18 millones de muertes al año, principalmente debido al envejecimiento de la población y al aumento de las comorbilidades metabólicas. 

Asimismo, indicaron que el microbioma intestinal humano, una compleja comunidad de microorganismos en el tracto digestivo, desempeña un papel crucial en la modulación de diversos procesos fisiológicos. 

Nuevas evidencias sugirieron que los desequilibrios en dicha microbiota intestinal, conocidos como «disbiosis», podrían afectar significativamente la salud cardiovascular.

También agregaron que condiciones como la inflamación sistémica, la función del endotelio vascular y el metabolismo lipídico pueden ser moduladas por metabolitos microbianos como el N-óxido de trimetilamina (TMAO), ácidos biliares secundarios y ácidos grasos de cadena corta (AGCC), que pueden tener efectos tanto positivos como negativos. 

La disbiosis en el intestino puede exacerbar aún más las ECV al alterar estos equilibrios mencionados.

Las intervenciones que se dirigen al microbioma intestinal e influyen en las enfermedades cardiovasculares incluyen la modificación de la dieta, los prebióticos, los probióticos, el trasplante de microbiota fecal y las terapias farmacológicas. 

Por ejemplo, las dietas vegetarianas pueden mejorar los perfiles lipídicos y la función vascular al mejorar la diversidad microbiana y la salud endotelial. 

La suplementación con probióticos se ha asociado con una reducción de la presión arterial y una mejor diversidad microbiana intestinal en personas con hipertensión.

La modulación de la microbiota también influye en la terapia farmacológica de la ECV. 

La exposición a las estatinas está relacionada con niveles reducidos de TMAO y una prevalencia alterada de microbios intestinales. 

Los perfiles de la microbiota intestinal también pueden influir en el metabolismo y la eficacia de los anticoagulantes orales, lo que demuestra un ciclo de retroalimentación entre la respuesta farmacológica del huésped y la ecología microbiana. 

Además, los microbiomas son biomarcadores para la predicción del riesgo de ECV, en donde las firmas genéticas microbianas están relacionadas con la enfermedad coronaria. 

La microbiota intestinal también afecta la susceptibilidad a la cardiotoxicidad inducida por agentes quimioterapéuticos. 

La disbiosis microbiana puede empeorar la inflamación y el daño miocárdico en pacientes con cáncer sometidos a quimioterapia, mientras que la modulación de la microbiota puede minimizar estos efectos adversos. 

La evidencia sugiere que apuntar a la microbiota intestinal puede reducir la cardiotoxicidad inducida por doxorrubicina, lo que indica el potencial de las coterapias dirigidas a microbios junto con la atención oncológica.

En esta revisión se han analizado estudios que emplearon ensayos controlados aleatorizados, análisis transversales y cohortes prospectivas, y se demostró la importancia de las intervenciones que abordan la disbiosis en variables clínicas como el metabolismo lipídico, la inflamación sistémica, la función endotelial, la presión arterial sistólica, el colesterol LDL, la proteína C reactiva, los niveles de TMAO y la diversidad alfa microbiana. 

Las estrategias de tratamiento personalizadas, adaptadas a los perfiles de la microbiota, podrían mejorar los resultados terapéuticos en grupos con enfermedades cardiovasculares y oncológicas.

Dado el creciente reconocimiento de la disbiosis del microbioma intestinal como un factor modificable en la ECV, esta revisión tuvo como objetivo abordar la siguiente pregunta de investigación: 

En adultos en riesgo o diagnosticados con enfermedad cardiovascular, 

¿cómo se comparan las intervenciones dirigidas a la disbiosis intestinal (como modificaciones dietéticas, prebióticos, probióticos, trasplante de microbiota fecal y terapias farmacológicas) con el placebo o el tratamiento estándar de la ECV para mejorar los resultados cardiovasculares, restablecer el equilibrio microbiano, reducir la cardiotoxicidad y mantener la salud metabólica?

A manera de síntesis, esta revisión sistemática enfocada examinó el papel de la microbiota intestinal en la enfermedad cardiovascular (ECV). 

La revisión exploró los mecanismos que vinculan la disbiosis intestinal con la ECV a través de metabolitos microbianos como el N-óxido de trimetilamina (TMAO) y los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), que afectan la inflamación, la función endotelial y el metabolismo lipídico. 

Se evaluaron intervenciones que incluyeran modificaciones dietéticas, probióticos, prebióticos, trasplante de microbiota fecal y agentes farmacológicos como estatinas, rifaximina y empagliflozina para determinar su impacto en la composición microbiana y los resultados cardiovasculares. 

Las cepas probióticas y las dietas ricas en fibra demostraron mejoras modestas en la presión arterial, los perfiles lipídicos y los marcadores inflamatorios. 

Los estudios revelaron que las alteraciones del microbioma intestinal influían en el metabolismo de los fármacos y el riesgo de sangrado en pacientes que toman anticoagulantes orales. 

La evidencia limitada sugirió que la modulación de la microbiota puede reducir la cardiotoxicidad inducida por la quimioterapia. 

Sin embargo, solo nueve estudios elegibles cumplieron con los criterios de inclusión, lo que refleja la naturaleza temprana y heterogénea de esta área de investigación. 

Por consiguiente, estos hallazgos deben interpretarse como exploratorios y generadores de hipótesis. 

Esta revisión sistemática centrada enfatizó la necesidad de realizar ensayos a gran escala para validar estrategias dirigidas al microbioma en la prevención y el manejo de las ECV. 

Esta revisión sistemática centrada está registrada en PROSPERO (ID: CRD420251022190

Al proponer la discusión de los hallazgos comentados, los autores destacaron que esta revisión sistemática sintetizó la evidencia actual sobre el eje intestino-corazón, centrándose en intervenciones dietéticas, farmacológicas y dirigidas al microbioma, así como en sus efectos sobre la composición microbiana intestinal y los resultados cardiovasculares. 

En los estudios incluidos, la modulación del microbioma intestinal fue factible; sin embargo, su traducción consistente a mejoras clínicamente significativas siguió siendo limitada.

Respecto a las intervenciones dietéticas enfatizaron que las dietas vegetarianas en pacientes con cardiopatía isquémica se asociaron con reducciones en LDL-C, colesterol total, fosfolípidos, peso corporal e IMC, acompañado de enriquecimiento de taxones fermentadores de fibra como Akkermansia y reducciones en taxones proinflamatorios como Clostridium. 

Los niveles de TMAO se mantuvieron sin cambios, y la presión arterial, HbA1c y hs-CRP no se vieron afectados. 

El ensayo MEDIMACS demostró que una dieta mediterránea de alta intensidad aumentó los taxones intestinales beneficiosos y mejoró los perfiles inflamatorios en pacientes con síndrome coronario agudo. 

En conjunto, estos hallazgos indicaron que los cambios microbianos inducidos por la dieta pudieron modular los parámetros cardiometabólicos, aunque el impacto clínico sobre las intervenciones a corto plazo parece modesto.

En relación a los hipolipemiantes, en pacientes con SCA, la terapia con estatinas mejoró los resultados cardiovasculares al tiempo que restableció parcialmente el equilibrio microbiano intestinal. 

Los taxones beneficiosos como Bifidobacterium longumAnaerostipes hadrus y Ruminococcus obeum aumentaron, mientras que los taxones potencialmente dañinos, incluido Parabacteroides merdae, disminuyeron. 

Estos cambios microbianos pudieron contribuir a efectos antiinflamatorios y metabólicos más allá de la reducción de lípidos, lo que sugirió que la modulación del microbioma pudo mediar en parte la eficacia de las estatinas.

Analizaron a continuación a los anticoagulantes orales en la fibrilación auricular

La terapia anticoagulante oral (ACO) exhibió efectos dependientes del contexto tanto en la inflamación como en la composición microbiana. 

Mientras que el uso de ACO se asoció con reducciones en la proporción neutrófilos a linfocitos (NLR), indicativo de un efecto antiinflamatorio, otra evidencia demostró un enriquecimiento concurrente de taxones potencialmente proinflamatorios, incluidos Streptococcus , Escherichia , Shigella y Klebsiella, junto con aumentos en taxones beneficiosos como Bifidobacterium y Lactobacillus. 

Los pacientes que experimentaron eventos hemorrágicos mostraron una mayor abundancia de BrucellaBacteroidetes y Ochrobactrum. 

Estos hallazgos resaltaron la naturaleza bidireccional y dependiente del contexto de los efectos de los ACO en el microbioma intestinal, lo que reflejó cómo una sola intervención puede conferir beneficios y riesgos dependiendo de la composición microbiana basal, el tipo de fármaco y las características del paciente.

En cuanto a las intervenciones dirigidas al microbioma en la insuficiencia cardíaca, resaltaron que el ensayo GutHeart evaluó la suplementación con rifaximina y Saccharomyces boulardii en pacientes con HFrEF. 

En este ensayo de fase II, ninguna intervención mejoró la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) en comparación con la terapia estándar, y no se observaron cambios significativos en la diversidad de la microbiota o en biomarcadores circulantes clave como TMAO y marcadores inflamatorios, aunque solo se detectaron cambios modestos en taxones microbianos específicos. 

Estos hallazgos demostraron que las intervenciones a corto plazo dirigidas al microbioma son factibles, pero aún no se traducen de manera consistente en beneficios cardíacos mensurables. 

De manera similar, la inhibición de SGLT2 con empagliflozina está bajo investigación en HFpEF por su potencial para modular la diversidad microbiana intestinal y las vías cardiometabólicas relacionadas, lo que representa un nuevo enfoque farmacológico dirigido al eje intestino-corazón.

Acerca de las asociaciones entre el microbioma y los resultados en la fibrilación auricular, los autores señalaron que estudios observacionales en pacientes con FA revelaron una riqueza microbiana reducida y una mayor abundancia de Streptococcus y Parabacteroides, particularmente en usuarios de inhibidores de la bomba de protones. 

Además, el enriquecimiento de bacterias gramnegativas productoras de endotoxinas en pacientes con LDL-C por debajo del objetivo sugirió posibles vínculos mecanicistas entre la composición microbiana, la inflamación sistémica y el riesgo cardiovascular. 

Estas asociaciones proporcionaron una base para intervenciones basadas en hipótesis dirigidas a la ecología microbiana intestinal en la FA.

Subrayaron la integración entre intervenciones

En las intervenciones dietéticas, farmacológicas y dirigidas al microbioma, se observó de forma consistente un enriquecimiento de taxones beneficiosos como BifidobacteriumAnaerostipes y Ruminococcu. 

Los resultados clínicos variaron: las estatinas demostraron beneficios cardiovasculares mensurables, mientras que los ACO y las intervenciones a corto plazo dirigidas al microbioma en la insuficiencia cardíaca mostraron efectos limitados o dependientes del contexto. 

Estos hallazgos sugirieron que la magnitud de la traducción clínica dependía de la composición microbiana basal, el tipo de intervención, la duración y los factores específicos del paciente.

En conjunto, estos estudios indicaron que la modulación del microbioma intestinal a través de la dieta, la farmacoterapia o las intervenciones dirigidas es alcanzable. 

Sin embargo, la traducción a resultados cardiovasculares clínicamente significativos sigue siendo inconsistente. 

Los ACO demostraron efectos microbianos bidireccionales que pueden conferir simultáneamente beneficios antiinflamatorios e introducir riesgos potenciales. 

Las intervenciones a corto plazo dirigidas al microbioma en la insuficiencia cardíaca produjeron cambios microbianos menores sin una mejoría cardíaca medible. 

Las intervenciones dietéticas, en particular los patrones vegetarianos y mediterráneos, mejoraron los perfiles metabólicos y enriquecieron los taxones beneficiosos, pero los efectos sobre los puntos finales clínicos siguieron siendo inciertos. 

Los hallazgos observacionales en la FA destacaron posibles objetivos microbianos para la estratificación del riesgo y la intervención. 

En general, estos resultados subrayaron la necesidad de realizar ensayos más amplios y con mayor potencia para aclarar las relaciones causales e identificar vías microbianas que pudieran modularse de manera confiable para obtener beneficios cardiovasculares.

Los autores admitieron limitaciones de su revisión

Una limitación clave fue el reducido número de estudios incluidos ( n  = 9), a pesar de una estrategia de búsqueda inicialmente amplia. 

Este bajo rendimiento reflejó tanto la naturaleza evolutiva de la investigación sobre el eje intestino-corazón como los estrictos criterios de inclusión necesarios para garantizar el rigor metodológico y la relevancia directa para los resultados cardiovasculares. 

Sin embargo, esta limitada base de evidencia limitó la exhaustividad de la síntesis y la generalización de las conclusiones. 

Por lo tanto, los hallazgos deben interpretarse como exploratorios y generadores de hipótesis, más que definitivos, proporcionando un marco para futuras investigaciones.

Los estudios revisados brindaron información sobre la relación entre la salud cardiovascular y el microbioma intestinal. 

Sin embargo, presentaron varias limitaciones. 

La revisión se vio limitada por la dependencia de ensayos piloto o a pequeña escala, como el ensayo GutHeart (n ≈ 100) y MEDIMACS (n ≈ 100), lo que redujo la solidez de las conclusiones. 

Además, la mayoría de los estudios incluidos tuvieron duraciones de seguimiento relativamente cortas, lo que limitó la capacidad para evaluar los resultados cardiovasculares a largo plazo. 

La heterogeneidad metodológica entre los diseños de los estudios (ensayos cruzados aleatorizados, ECA de fase II y cohortes observacionales) complicó aún más las comparaciones directas. 

Para abordar estos desafíos, la investigación futura debería priorizar los estudios multicéntricos basados en consorcios con tamaños muestrales más grandes, períodos de seguimiento más prolongados y definiciones de resultados armonizadas para permitir una síntesis y generalización más fiables. 

Las duraciones cortas de la intervención y el seguimiento, que fueron desde semanas hasta meses, podrían no capturar la trayectoria completa de la modulación del microbioma y los efectos cardiovasculares sostenidos. 

El pequeño tamaño de las muestras o los diseños piloto en muchos ensayos redujeron la potencia estadística y la generalización. 

Si bien los beneficios en la reducción de lípidos son claros, el impacto de las dietas basadas en vegetales sobre el TMAO requiere mayor confirmación en estudios más amplios y a largo plazo. 

Cabe destacar que, si bien el ensayo cruzado aleatorizado SWAP-MEAT demostró reducciones significativas del colesterol LDL con una dieta basada en plantas, el efecto sobre el TMAO fue menos consistente, sin una reducción sostenida en todos los participantes. 

Esta discrepancia puede reflejar diferencias en la composición inicial del microbioma, la variabilidad interindividual en la capacidad microbiana de producción de TMA o la duración relativamente corta de la intervención.

Estos hallazgos deben interpretarse considerando la heterogeneidad de los diseños de los estudios. 

Por ejemplo, los efectos observados de las dietas basadas en vegetales se informaron en un ensayo cruzado aleatorio que comparó dietas vegetarianas y omnívoras, que demostró reducciones en LDL-C y cambios en la composición de la microbiota intestinal. 

Por el contrario, los mecanismos que vinculan la actividad anticoagulante oral con la microbiota intestinal se han derivado en gran medida de estudios observacionales y experimentales, incluida la evidencia de efectos bidireccionales de los anticoagulantes en la composición microbiana intestinal en pacientes con fibrilación auricular. 

De manera similar, el ensayo GutHeart fue un ensayo controlado aleatorio abierto de fase II que probó estrategias moduladoras de la microbiota (rifaximina o Saccharomyces boulardii) en pacientes con insuficiencia cardíaca, pero su tamaño de muestra y diseño limitados restringieron la generalización. 

Tal heterogeneidad en los diseños de los estudios limitó la comparabilidad directa entre los estudios y subraya la necesidad de una síntesis cautelosa al concluir.

Muchos estudios no controlaron adecuadamente las variables de confusión, como la medicación concurrente, la composición basal de la microbiota y la dieta, las cuales pudieron influir en los resultados intestinales y cardíacos. 

Los diseños observacionales y transversales impidieron la inferencia causal. 

Los ensayos basados en protocolos o no ciegos pudieron ser susceptibles a sesgos de selección e informe. 

Los análisis del microbioma se limitaron con frecuencia a la secuenciación del ARNr 16S, lo que proporcionó información compositiva en lugar de funcional. 

La dependencia de la metabolómica no dirigida planteó inquietudes sobre la precisión de la identificación de metabolitos.

Algunos estudios compararon directamente las estrategias de modulación del microbioma con las terapias cardiovasculares convencionales. 

La ausencia de criterios de valoración a largo plazo, como los eventos adversos graves (MACE), en muchos ensayos disminuyó la relevancia clínica de los cambios asociados al microbioma.

Por todo ello las futuras investigaciones sobre el eje intestino-corazón deberían abordar cuestiones mecanicistas y clínicas aún no resueltas. 

En primer lugar, las interacciones bidireccionales entre la microbiota intestinal y las farmacoterapias cardiovasculares requieren una evaluación rigurosa. 

Por ejemplo, las estatinas, los anticoagulantes orales y los inhibidores de SGLT2 modulan la composición microbiana intestinal; sin embargo, la influencia recíproca de los perfiles microbianos en el metabolismo, la eficacia y la seguridad de los fármacos sigue siendo poco explorada. 

La investigación de estas interacciones entre el microbioma y los fármacos mediante la farmacomicrobiómica podría orientar las estrategias de tratamiento individualizadas.

En segundo lugar, se necesitan ensayos controlados aleatorios multicéntricos a gran escala con un seguimiento más prolongado para validar los hallazgos preliminares de estudios piloto como GutHeart, MEDIMACS y EMPAGUM. 

Las definiciones de resultados armonizadas, la inclusión de puntos finales cardiovasculares definitivos (por ejemplo, MACE) y los análisis del microbioma funcional más allá de la secuenciación del ARNr 16S mejorarán la inferencia causal y la aplicabilidad clínica.

En tercer lugar, el papel del microbioma intestinal en la mediación de la cardiotoxicidad de las terapias contra el cáncer, en particular las antraciclinas y los agentes dirigidos, justifica un estudio mecanístico y translacional más profundo. 

La evidencia preclínica y clínica preliminar sugiere que metabolitos microbianos como el TMAO y los AGCC podrían influir en la lesión miocárdica inducida por la quimioterapia, lo que ofrece posibles vías para la cardioprotección basada en el microbioma.

Más allá de la necesidad de ensayos más amplios, es fundamental contar con un marco estructurado para la traducción clínica. 

Esto podría incluir: 

(i) estudios mecanísticos exhaustivos para identificar vías reproducibles del microbioma en enfermedades cardiovasculares; 

(ii) intervenciones piloto en fase inicial (dietéticas, probióticas o farmacológicas) para evaluar la viabilidad y la seguridad; 

(iii) consorcios multicéntricos armonizados para validar la eficacia en distintas poblaciones; y 

(iv) la incorporación de biomarcadores microbianos validados en la estratificación del riesgo cardiovascular y los algoritmos terapéuticos. 

Este enfoque gradual facilitaría la traducción desde el descubrimiento hasta la aplicación clínica.

Por último, las intervenciones en el estilo de vida, incluida la dieta, el ejercicio y el ayuno intermitente, deben evaluarse sistemáticamente tanto por sus beneficios cardiometabólicos como por su capacidad para modular de forma duradera el microbioma intestinal. 

La integración de plataformas multiómicas como la metagenómica, la metabolómica y la transcriptómica puede ayudar a identificar firmas microbianas reproducibles para la predicción de riesgos y la optimización terapéutica.

En conclusión, esta revisión sistemática enfocada resumió la evidencia emergente que vincula la composición de la microbiota intestinal con la salud cardiovascular. 

Los estudios disponibles, aunque limitados en número y alcance, sugirieron que las dietas vegetarianas y mediterráneas pueden influir favorablemente en los perfiles cardiometabólicos mediante la modulación de la microbiota, lo que coincide con el creciente reconocimiento de que los patrones dietéticos influyen en el riesgo cardiovascular. 

Las estatinas también pueden mediar parte de su beneficio mediante alteraciones en la microbiota intestinal, lo que refuerza el concepto de interacciones bidireccionales entre la farmacoterapia y la ecología microbiana.

Los anticoagulantes orales parecen influir en el equilibrio microbiano intestinal, con posibles implicancias para la trombosis, la inflamación y el riesgo de sangrado en la fibrilación auricular, aunque estos hallazgos siguen siendo inconsistentes en estudios pequeños. 

De igual manera, intervenciones como los probióticos, la rifaximina y los inhibidores de SGLT2 han demostrado efectos prometedores, aunque preliminares, sobre la diversidad microbiana y las vías inflamatorias; sin embargo, la evidencia en humanos sigue siendo escasa y heterogénea.

En conjunto, estos hallazgos subrayan la posible importancia del microbioma intestinal como diana terapéutica y modificador de la respuesta al tratamiento cardiovascular. 

Sin embargo, dado que solo nueve estudios cumplieron los criterios de inclusión, las conclusiones deben interpretarse con cautela y considerarse exploratorias, no definitivas. 

Es fundamental realizar ensayos multicéntricos a mayor escala y a largo plazo que incorporen análisis estandarizados del microbioma para validar estas asociaciones y aplicar estrategias dirigidas al microbioma en la prevención y el tratamiento cardiovascular.

Palabras clave: microbioma intestinal. Enfermedad cardiovascular.TMAO. Terapia dirigida al microbioma. Inflamación

* Makkieh Y, Shah HH, Imran SB, Pathan SMK, Saju AC, Majooju M, Garg A, Naag T, Islam R, Fahima C, Ali R. The gut-heart axis: Exploring the role of the gut microbiome in cardiovascular health – A focused systematic review. Am Heart J Plus. 2025 Dec 3;61:100687. doi: 10.1016/j.ahjo.2025.100687. PMID: 41732311; PMCID: PMC12925741.

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