27.03.2026

Seguridad y eficacia a largo plazo de los bloqueadores de los canales de calcio en la hipertensión

 Una revisión sistemática realizada por médicos del Departamento de Farmacología y Farmacia Clínica, de la Universidad Padjadjaran, Sumedang, Java Occidental, Indonesia se ocupó de analizar en pacientes hipertensos, la seguridad y eficacia a largo plazo de los bloqueadores de los canales de calcio, y publicaron los resultados y conclusiones de sus hallazgos en la edición del 18 de marzo de 2026 del The Drug, Healthcare and Patient Safety*.

Esta publicación será hoy comentada en la NOTICIA DEL DÍA de CARDIOLATINA.

Los autores señalaron en la introducción a su planteo, que la hipertensión es un importante contribuyente a la morbilidad y mortalidad cardiovascular en todo el mundo.

Agregaron que se define por una presión arterial sistólica ≥140 mmHg y/o una presión arterial diastólica ≥90 mmHg, de acuerdo con las guías del NICE (2019), la guía australiana (2016) y la ESC/ESH (2018).

Sin embargo, -acotaron-, que en contraste, las guías del ACC/AHA (2025) adoptan un umbral más bajo de ≥130/80 mmHg. 

A pesar de estas diferencias, la hipertensión sigue siendo altamente prevalente y una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial. 

Según datos de la OMS (2024), en 2020, aproximadamente 1280 millones de adultos de entre 30 y 79 años padecían hipertensión en todo el mundo, pero solo el 21 % tenía su presión arterial bien controlada. 

Dada la naturaleza crónica de la hipertensión, que generalmente requiere terapia farmacológica de por vida, los resultados a largo plazo (≥1 año) son particularmente importantes no solo para evaluar la sostenibilidad del control de la presión arterial, sino también para detectar posibles efectos metabólicos, renales, oncológicos y esqueléticos que pueden surgir solo después de una exposición prolongada al fármaco en lugar de durante un tratamiento a corto plazo.

Para el tratamiento de la hipertensión se pueden utilizar diversos fármacos, como bloqueadores de los canales de calcio (BCC), inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), bloqueadores de los receptores de angiotensina (ARA II), betabloqueadores y diuréticos.

Los BCC se encuentran entre los fármacos más estudiados y se recomiendan con frecuencia como tratamiento de primera línea, tanto en monoterapia como en combinación con otros medicamentos.

Actúan como agentes antihipertensivos al inhibir los canales de calcio de tipo L ubicados en el músculo liso vascular y cardíaco. 

Esta inhibición disminuye los niveles de calcio intracelular, lo que produce una relajación del tono vascular y una consiguiente reducción de la presión arterial sistémica. 

Se clasifican en 

dihidropiridinas (DHP), que actúan principalmente sobre los vasos sanguíneos (p. ej., amlodipino, nifedipino, nicardipino), y 

no dihidropiridinas (no-DHP), que también afectan la conducción cardíaca (p. ej., verapamilo, diltiazem)

A pesar de su amplia prescripción como tratamiento inicial para la hipertensión, los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) siguen generando inquietudes respecto a su seguridad y eficacia a largo plazo. 

Diversos estudios observacionales han reportado posibles efectos adversos a largo plazo asociados con su uso, incluyendo un mayor riesgo de diabetes de nueva aparición (DNA), perfiles de seguridad renal alterados y fracturas óseas.

Además, la evidencia del estudio CASE-J y su seguimiento prolongado sugirió vínculos entre la terapia con BCC y eventos cardiovasculares importantes como accidente cerebrovascular, ataque isquémico transitorio (AIT), angina de pecho e infarto de miocardio.

Revisiones sistemáticas y metaanálisis previos han evaluado la seguridad y la eficacia de los bloqueadores de los canales de calcio (BCC); sin embargo, la mayoría se limitaron a resultados clínicos específicos. 

Por ejemplo, algunos se centraron en la posible asociación entre su uso y el cáncer de mama, mientras que otros examinaron efectos cognitivos o neurológicos como la demencia.

Hasta la fecha, no se ha establecido una síntesis integral que aborde el perfil de seguridad general a largo plazo de estos fármacos (≥1 año de uso) en pacientes con hipertensión.

Por lo tanto, esta revisión sistemática tuvo como objetivo sintetizar exhaustivamente la evidencia existente, tanto de ensayos controlados aleatorizados (ECA) como de estudios observacionales, sobre la seguridad a largo plazo (p. ej., cáncer, diabetes, insuficiencia renal) y la eficacia (p. ej., accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca) de los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) en pacientes con hipertensión. 

Esta evaluación es fundamental para orientar las decisiones terapéuticas antihipertensivas a largo plazo e informar la práctica clínica.

Reiterando lo dicho a manera de síntesis, debe remarcarse que los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) se utilizan ampliamente como terapia de primera línea para la hipertensión, pero persisten las preocupaciones con respecto a su seguridad y eficacia a largo plazo. 

Esta revisión, entonces, tuvo como objetivo resumir sistemáticamente la evidencia existente sobre la seguridad y eficacia a largo plazo de los BCC en pacientes con hipertensión.

A tales efectos, se realizó una revisión sistemática utilizando la base de datos PubMed para identificar ensayos controlados aleatorizados (ECA), estudios de cohortes y estudios de casos y controles que evaluaran el uso a largo plazo (≥ 1 año) de BCC en poblaciones adultas hipertensas. 

Los estudios elegibles compararon los BCC con otros agentes antihipertensivos o placebo y reportaron resultados relacionados con la seguridad y efectividad sistémicas. 

La calidad de cada estudio se evaluó utilizando las escalas de Jadad y Newcastle-Ottawa. 

La evidencia se sintetizó de forma descriptiva y se estratificó por sistema orgánico y resultado clínico.

En total, 29 estudios cumplieron los criterios de inclusión, abarcando tanto ECA como estudios observacionales. 

El uso a largo plazo de BCC fue generalmente seguro, con riesgos manejables. 

Los efectos protectores renales fueron menos consistentes, mientras que varios estudios reportaron un aumento marginal en la incidencia de diabetes de nueva aparición. 

Las asociaciones con el cáncer de mama siguieron siendo inconclusas, y el riesgo de fracturas óseas pareció modestamente reducido. 

Otros efectos sistémicos, incluyendo cambios metabólicos y reproductivos, fueron generalmente leves. 

En términos de efectividad, los BCC redujeron consistentemente la incidencia de accidente cerebrovascular, aunque la evidencia con respecto a otros resultados cardiovasculares, como infarto, insuficiencia cardíaca y eventos isquémicos transitorios, fue inconsistente entre los estudios.

Al someter a discusión los hallazgos señalados, los autores indicaron que la terapia a largo plazo con bloqueadores de los canales de calcio (BCC) muestra una seguridad aceptable y un beneficio sostenido en la reducción de la incidencia de accidentes cerebrovasculares. 

Se han notificado posibles problemas de seguridad en varios dominios, incluyendo la función renal, el riesgo de cáncer de mama, y la salud ósea.

Los resultados cardiovasculares más allá del accidente cerebrovascular mostraron resultados mixtos, con algunos estudios que informaron beneficios en la insuficiencia cardíaca, mientras que otros observaron una mayor incidencia de AIT, angina e infarto de miocardio. 

También se notificaron resultados sistémicos adicionales, incluyendo cáncer colorectal (CCR), demencia, gota, disfunción sexual, y dislipidemia, en los estudios incluidos. 

Es importante destacar que la mayor parte de la evidencia incluida en esta revisión proviene de estudios que evaluaron los bloqueadores de los canales de calcio dihidropiridínicos (BCC-DHP), en particular amlodipino y nifedipino. 

En contraste, la evidencia sobre los BCC no dihidropiridínicos sigue siendo limitada. 

Por consiguiente, los resultados observados en cuanto a seguridad y eficacia reflejan principalmente los efectos de los BCC-DHP, más que los de toda la clase de BCC. 

Estos efectos pueden variar según la duración del tratamiento y las características del paciente, lo que subraya la importancia de una terapia individualizada y una monitorización cuidadosa en el uso clínico a largo plazo.

En relación a la seguridad renal, los bloqueadores de los canales de calcio dihidropiridínicos (BCC-DHP) (p. ej., amlodipino, nicardipino) son generalmente seguros para la función renal, pero muestran efectos antiproteinúricos limitados, y algunos estudios informan una mayor incidencia de enfermedad renal terminal (ERT) durante el seguimiento a largo plazo.

En contraste, la evidencia de un ensayo sugirió que los BCC no dihidropiridínicos (verapamilo, diltiazem) tuvieron resultados de proteinuria comparables a los de lisinopril y atenolol, lo que indica que no hay una clara desventaja en la seguridad renal. 

Los BCC, en particular los dihidropiridínicos, actúan principalmente como vasodilatadores en las arteriolas aferentes del glomérulo. 

Esta vasodilatación aumenta la presión capilar glomerular, lo que potencialmente contribuye a la hiperfiltración glomerular y la proteinuria, especialmente si no se compensa con la vasodilatación eferente.

Sin embargo, es importante reconocer que no todos los bloqueadores de los canales de calcio dihidropiridínicos (BCC-DHP) ejercen efectos hemodinámicos renales idénticos. 

Mientras que los BCC-DHP convencionales dilatan predominantemente la arteriola glomerular aferente, lo que puede aumentar la presión intraglomerular y la proteinuria, los agentes más recientes, como la lercanidipina, parecen demostrar un perfil vascular renal más equilibrado. 

Debido a su alta lipofilicidad y a su interacción sostenida con las membranas de las células del músculo liso vascular, se ha informado que la lercanidipina induce vasodilatación tanto de las arteriolas glomerulares aferentes como eferentes. 

Esta doble acción puede contribuir a una reducción de la presión intraglomerular y a un mejor control de la proteinuria, más allá de la simple disminución de la presión arterial. 

No obstante, aunque varios estudios aleatorizados y observacionales han evaluado los efectos renales de la lercanidipina durante periodos de seguimiento intermedios, aún faltan ensayos aleatorizados a largo plazo rigurosos diseñados específicamente para evaluar resultados renales importantes.

En general, si bien los bloqueadores de los canales de calcio son aceptables para uso a largo plazo, sus efectos renoprotectores siguen siendo limitados, lo que justifica un seguimiento estrecho de la salud renal en personas que presentan una función renal reducida o pérdida de albúmina en la orina.

Otro efecto que consideraron fue el desarrollo de diabetes de nueva aparición (NOD por sus siglas en inglés de new-onset diabetes)

Efectivamente, la administración prolongada de BCC, en particular amlodipino, se ha asociado con un riesgo ligeramente elevado de NOD. 

Mecánicamente, se cree que este efecto se debe a una menor entrada de calcio a través de los canales de tipo L en las células β pancreáticas, lo que provoca una liberación deficiente de insulina y una disminución de la tolerancia a la glucosa con el tiempo. 

La evidencia actual se centra principalmente en los BCC DHP, mientras que los datos sobre los BCC no DHP siguen siendo limitados. 

En pacientes con un riesgo elevado de desarrollar diabetes, incluidos aquellos con intolerancia a la glucosa, síndrome metabólico o antecedentes familiares de la enfermedad, los BCC deben prescribirse con precaución y acompañados de un control glucémico regular.

En relación al cáncer de mama, la evidencia sobre la asociación entre la exposición prolongada a los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) y el riesgo de padecerlo sigue siendo inconsistente e inconclusa. 

Algunos estudios mencionan un mayor riesgo, especialmente con un uso de ≥5 años y en subtipos de cáncer agresivos, mientras que otros no han reportado una diferencia estadísticamente significativa en la incidencia.

Algunas hipótesis sugieren que los BCC pueden alterar la apoptosis celular a través de la regulación del calcio intracelular, lo que podría aumentar la proliferación de células tumorales. 

Sin embargo, la evidencia biológica directa aún es limitada.

Dadas estas incertidumbres y la naturaleza observacional de la mayoría de los estudios, los hallazgos deben interpretarse con precaución. 

Para las mujeres con un riesgo basal elevado, se justifica un seguimiento cuidadoso y una evaluación individualizada del riesgo-beneficio al prescribir BCC.

Varios estudios observacionales han reportado hallazgos inconsistentes con respecto a la asociación entre el uso de bloqueadores de los canales de calcio (BCC) y el riesgo de fracturas óseas. 

Dos estudios reportaron que los usuarios de BCC tienen un menor riesgo de fracturas no vertebrales y fracturas de cuello femoral. 

Sin embargo, un estudio mostró un efecto negativo sobre el metabolismo óseo en comparación con los betabloqueadores.

Los BCC pueden influir en la homeostasis del calcio en las células osteoblásticas y osteoclastas, lo cual es crucial en la remodelación ósea. 

El bloqueo de los canales de calcio de tipo L en los huesos puede inhibir la actividad de los osteoblastos, reduciendo la formación de hueso nuevo.

Se ha reportado que ciertos BCC reducen la densidad mineral ósea (DMO) en sitios craneofaciales como el maxilar, lo que podría aumentar la susceptibilidad a las fracturas en adultos mayores.

El efecto protector contra las fracturas se observa en estudios de más de 5 años de duración. 

Sin embargo, otros estudios de menor duración o en poblaciones específicas (p. ej., hombres mayores) muestran resultados menos consistentes, lo que indica que los efectos pueden depender de la duración y las características del paciente.

Dadas las posibles implicancias para la salud ósea, se recomienda a los médicos que actúen con precaución al prescribir bloqueadores de los canales de calcio a personas con un riesgo elevado de fractura u osteoporosis. 

En estos pacientes, se puede considerar el control regular de la densidad mineral ósea.

Para pacientes de edad avanzada o mujeres posmenopáusicas, la combinación con suplementos de calcio/vitamina D o modificaciones en el estilo de vida puede ser una medida paliativa.

Otros efectos sistémicos asociados al uso de bloqueadores de los canales de calcio (BCC) incluyen alteraciones neurológicas, metabólicas y reproductivas. 

Por ejemplo, la nitrendipina se ha relacionado con un menor riesgo de demencia, posiblemente debido a su capacidad para penetrar en el sistema nervioso central y mitigar la sobrecarga de calcio neuronal, que desempeña un papel fundamental en la neurodegeneración.

La amlodipina también ha demostrado mejoras leves en los parámetros lipídicos, aunque estos efectos no son clínicamente significativos en comparación con los agentes hipolipemiantes.

En cuanto a la función sexual, el tratamiento prolongado con amlodipina se ha asociado con una disminución de la actividad sexual tanto en hombres como en mujeres. 

Si bien el mecanismo subyacente no se ha dilucidado por completo, los cambios en el tono vascular y la reducción del flujo sanguíneo genital podrían contribuir a este efecto.

Además, los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) parecen tener un perfil de ácido úrico más favorable que los diuréticos, con una menor incidencia de gota reportada en ensayos comparativos como INSIGHT.

Estos resultados sugieren que los BCC podrían ser una opción antihipertensiva adecuada para personas con hiperuricemia o con riesgo de gota.

En la práctica clínica, si bien estos efectos adversos suelen ser leves, justifican su consideración en poblaciones vulnerables. 

Al prescribir BCC, los médicos deben evaluar estos riesgos, proporcionar un seguimiento adecuado y considerar las comorbilidades específicas del paciente al decidir sobre la terapia antihipertensiva a largo plazo.

Los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) han demostrado una eficacia sostenida en la prevención del ictus en personas hipertensas, principalmente mediante la inhibición de los canales de calcio de tipo L que median la contracción del músculo liso vascular.

Este mecanismo reduce la resistencia periférica y mejora la perfusión cerebral, lo que contribuye a disminuir el riesgo de ictus. 

Además, los BCC dihidropiridínicos (DHP), como la amlodipina, potencian la actividad del óxido nítrico endotelial, mejorando la función vascular más allá del control de la presión arterial.

Sin embargo, los resultados más allá del accidente cerebrovascular son más heterogéneos. 

Algunos estudios han informado mayores riesgos de insuficiencia cardíaca, angina, infarto de miocardio y AIT, especialmente con los BCC DHP, potencialmente relacionados con taquicardia refleja y aumento de la demanda de oxígeno miocárdico.

Por el contrario, las declaraciones clínicas sugieren que los BCC no DHP (verapamilo, diltiazem) pueden conferir beneficios para la cardiopatía isquémica, debido a sus propiedades de reducción de la frecuencia cardíaca y antianginosas.

En conjunto, estos hallazgos resaltan la relevancia clínica de la diferenciación de subclases: los BCC DHP parecen más favorables para la prevención del accidente cerebrovascular, mientras que los BCC no DHP muestran un valor potencial entre los pacientes con cardiopatía isquémica. 

En general, si bien los BCC demuestran una sólida eficacia para la prevención del accidente cerebrovascular, su impacto en otros resultados cardiovasculares parece variable, lo que subraya la importancia de la diferenciación de subclases, la terapia individualizada y el seguimiento cuidadoso a largo plazo.

Los autores señalaron fortalezas y limitaciones de esta revisión: fue una de las primeras en evaluar exhaustivamente el uso a largo plazo de bloqueadores de los canales de calcio (BCC) en múltiples sistemas orgánicos en poblaciones hipertensas. 

Al integrar la evidencia de ensayos clínicos aleatorizados (ECA) y estudios observacionales, ofreció una perspectiva amplia que abarcó hallazgos tanto de ensayos controlados como de la práctica clínica real. 

Se optó por una síntesis narrativa dada la heterogeneidad metodológica y clínica entre los estudios, lo que, si bien limitó la posibilidad de una comparación cuantitativa directa, permitió una integración equilibrada de diversos resultados y diseños.

No obstante, conviene reconocer varias limitaciones. 

Los hallazgos pueden verse afectados por el sesgo de publicación y la confusión residual inherente a los estudios observacionales, por lo que deben interpretarse con la debida precaución. 

Es importante destacar que la mayor parte de la evidencia disponible se refiere a los bloqueadores de los canales de calcio dihidropiridínicos (BCC-DHP), mientras que los datos sobre agentes no dihidropiridínicos siguen siendo limitados, lo que restringe las comparaciones específicas de subclases y limita la generalización de los hallazgos a toda la clase de BCC. 

Además, varios ensayos clave incluidos en esta revisión se realizaron en épocas de tratamiento anteriores, durante las cuales los patrones de práctica clínica, las terapias de base y los perfiles de riesgo de los pacientes diferían del manejo contemporáneo de la hipertensión, lo que podría limitar la aplicabilidad de algunos hallazgos a los entornos clínicos actuales.

Los estudios futuros deberían emplear diseños longitudinales prospectivos para esclarecer la seguridad a largo plazo y la eficacia cardiovascular de los bloqueadores de los canales de calcio, centrándose en resultados como la disfunción renal, la enfermedad de nueva aparición, la salud ósea y el cáncer. 

También se necesitan investigaciones mecanicistas para explicar mejor estas asociaciones y para orientar un manejo más personalizado de la hipertensión.

Como conclusión, los autores destacaron que esta revisión sistemática indicó que los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) siguen siendo aceptables para el tratamiento a largo plazo en pacientes hipertensos, demostrando un perfil de seguridad general tranquilizador cuando se monitorizan adecuadamente, especialmente en poblaciones de alto riesgo. 

La mayor parte de la evidencia que los respalda proviene de estudios con BCC dihidropiridínicos (BCC-DHP), mientras que la evidencia para los BCC no dihidropiridínicos sigue siendo limitada y requiere una interpretación cautelosa. 

Los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) respaldan la eficacia sostenida de los BCC en la prevención del ictus y sugieren efectos generalmente neutros o moderados sobre los parámetros metabólicos y determinados resultados renales. 

Por el contrario, las asociaciones con riesgos metabólicos, oncológicos y esqueléticos a largo plazo se derivan en gran medida de estudios observacionales y siguen siendo inconsistentes. 

La evidencia sobre insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y ataque isquémico transitorio (AIT) es heterogénea entre los diferentes diseños de estudio, lo que impide llegar a conclusiones definitivas. 

Clínicamente, estos hallazgos respaldan el uso continuado de los BCC dentro de las estrategias actuales de manejo de la hipertensión, haciendo hincapié en las decisiones de tratamiento individualizadas, la selección adecuada de la subclase y la monitorización a largo plazo. 

Cerraron, admitiendo que se justifican más estudios prospectivos de alta calidad para aclarar las señales de seguridad no resueltas y para fundamentar futuras guías

Palabras clave: bloqueadores de los canales de calcio, población hipertensa, seguridad a largo plazo, eficacia a largo plazo

* Aisyah N, Aurellia JS, Insani WN. Long-Term Safety and Effectiveness of Calcium Channel Blockers in Hypertension: A Systematic Review. Drug Healthc Patient Saf. 2026 Mar 18;18:576249. doi: 10.2147/DHPS.S576249. PMID: 41873338; PMCID: PMC13005972.

Auspicios Institucionales
  • Sociedad Argentina de Cardiología
  • Federación Argentina de Cardiología
  • SIAC
  • SADEC
  • Asociación Argentina de Cardiología
  • Latin American Heart Rhythm Society
  • Fundación Barceló - Facultad de Medicina