08.04.2026

Tasa de incidencia global de insuficiencia cardíaca 

Investigadores de Universidades de Perú realizaron una revisión sistemática y metaanálisis actualizados de la literatura preexistente cuyo propósito fue analizar la incidencia global de insuficiencia cardíaca, y publicaron sus observaciones en la edición del 20 de marzo de 2026 de Frontiers in Cardiovascular Medicine*.

Estos hallazgos y sus conclusiones serán hoy analizadas en la NOTICIA DEL DÍA.

Los autores desarrollaron en la introducción del artículo que la insuficiencia cardíaca (IC) constituye un síndrome clínico complejo caracterizado por   síntomas (disnea, fatiga, edema periférico) y signos típicos (congestión yugular, crepitantes pulmonares, edema) derivados de anomalías cardíacas estructurales o funcionales que causan presiones intracardíacas elevadas y/o gasto cardíaco inadecuado. 

Este síndrome representa uno de los principales desafíos para los sistemas de salud globales, con una prevalencia estimada de 64 millones de personas afectadas en todo el mundo. 

Las consecuencias clínicas y económicas son considerables: la IC se asocia con una alta mortalidad (aproximadamente 50% a los 5 años del diagnóstico), un deterioro significativo en la calidad de vida, limitación funcional y altos costos de atención médica, estimados en más de 346 mil millones de dólares anuales. 

En respuesta a este impacto, las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) de 2021 y la actualización del Colegio Americano de Cardiología/Asociación Americana del Corazón (ACC/AHA) de 2022 han refinado la definición, clasificación y enfoque terapéutico de este síndrome, enfatizando la necesidad de un manejo óptimo y personalizado.

La epidemiología de la IC ha experimentado cambios significativos en las últimas décadas, con patrones divergentes según la región. 

Si bien la incidencia ajustada por edad tiende a estabilizarse e incluso a disminuir en algunos países desarrollados, la prevalencia global continúa aumentando, impulsada por el envejecimiento de la población, el aumento de la supervivencia después de eventos cardiovasculares agudos y terapias más efectivas que prolongan la vida en pacientes con IC. 

Un análisis reciente de la Carga Global de Enfermedad (GBD por sus siglas en inglés de Global Burden of Disease) del año 2021 documentó un aumento en la prevalencia global estandarizada por edad de 647,9 por 100 000 en 1990 a 682,7 por 100 000 en 2021, con 56,5 millones de casos prevalentes en todo el mundo. 

Las disparidades regionales son notables: la región del Norte de África y Oriente Medio tiene la prevalencia estandarizada más alta (780,5 por 100 000), mientras que el sur de Asia registra la más baja (600,1 por 100 000). 

Simultáneamente, el perfil clínico ha evolucionado, con un aumento progresivo en la proporción de pacientes con insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (HFpEF), que ahora representa aproximadamente el 50% de los casos, lo que plantea desafíos terapéuticos adicionales dado que aún faltan tratamientos que mejoren significativamente el pronóstico para este fenotipo.

A pesar de la abundante investigación sobre la IC, persisten importantes lagunas en la consolidación de datos epidemiológicos a nivel mundial. 

La evidencia proviene predominantemente de naciones industrializadas, con una representación limitada de regiones de ingresos bajos y medios. 

Una revisión sistemática reciente encontró que solo 11 de 51 países con estudios poblacionales sobre IC pertenecían a regiones de ingresos bajos o medios, contribuyendo apenas con el 10% de los años-persona observados. 

Esta distribución desigual dificulta la obtención de una imagen completa de la incidencia de IC en todo el mundo, particularmente en regiones donde las causas y características del síndrome pueden diferir considerablemente de las descritas en los países occidentales. 

Si bien revisiones sistemáticas previas han evaluado aspectos específicos de la epidemiología de la IC, hasta la fecha ninguna ha proporcionado una síntesis global y actualizada de la incidencia de IC que abarque todas las regiones geográficas y considere las variaciones por edad, sexo y fenotipos clínicos.

Reconociendo esta necesidad, el presente trabajo tuvo como objetivo realizar una revisión sistemática (RS) y un metaanálisis de la literatura para estimar la incidencia global actualizada de insuficiencia cardíaca. 

El objetivo fue sintetizar la evidencia disponible de diferentes países y regiones, obteniendo estimaciones comparables que permitan dimensionar con mayor precisión la magnitud del problema en distintos contextos. 

Contar con datos globales consolidados tiene una clara justificación clínica y de salud pública: facilitará la toma de decisiones y la planificación de recursos sanitarios con base en la carga real de insuficiencia cardíaca en cada entorno, proporcionando información epidemiológica sólida para el diseño de estrategias de prevención y políticas de salud basadas en la evidencia. 

En definitiva, esta RS pretendió contribuir a subsanar las lagunas de conocimiento actuales, proporcionando una base de datos sólida sobre la incidencia mundial de insuficiencia cardíaca que respaldara la mejora del pronóstico del paciente y orientase acciones eficaces tanto a nivel clínico como de salud global.

Para sintetizar lo expresado, es válido reiterar que la insuficiencia cardíaca (IC) afecta a 64 millones de personas en todo el mundo, pero aún no se dispone de estimaciones globales actualizadas sobre su incidencia.

Realizar una revisión sistemática (RS) y un metaanálisis para estimar la incidencia global de insuficiencia cardíaca y analizar sus variaciones según la región geográfica, el sexo, la edad y las características clínicas, fueron los objetivos planteados por los autores.

Para ello, se realizó una revisión sistemática en MEDLINE (PubMed), Scopus, EMBASE y Web of Science (incluido SciELO) para identificar estudios observacionales publicados entre 2000 y 2025 que informaran sobre las tasas de incidencia de insuficiencia cardíaca en la población general. 

Se incluyeron así estudios con criterios diagnósticos reconocidos (Framingham, ESC, ACC/AHA) o codificaciones estandarizadas (CIE). 

El metaanálisis empleó un modelo de efectos aleatorios con el método REML. 

Se realizaron análisis de subgrupos (sexo, edad, región, fenotipos) y metarregresión para explorar las tendencias temporales.

Se incluyeron cuarenta y dos estudios (2001–2025) de 18 países, con un 57% categorizado como de bajo riesgo de sesgo. 

La incidencia global combinada fue de 2,72 casos por 1000 personas-año (IC del 95%: 1,95–3,81), siendo mayor en Norteamérica (6,06) que en Europa (2,65) y Asia (4,08). 

La incidencia fue mayor en hombres (1,93) que en mujeres (1,62), y sustancialmente mayor en la población >50 años (12,38). 

La metarregresión por año de publicación no mostró una tendencia temporal significativap = 0,255); sin embargo, cuando se utilizó el punto medio del período de recopilación de datos, se identificó una tendencia descendente significativap = 0,009, R2= 23,75%).

Al proponer la discusión, los autores distinguieron los principales hallazgos subrayando que este metaanálisis recopiló información de 42 estudios sobre la incidencia de insuficiencia cardíaca en la población adulta general, mostrando una tasa combinada de 2,72 casos por 1000 personas-año (IC del 95%: 1,95–3,81). 

Entre ellos, destacaron la variación por edad, con tasas más altas en estudios centrados en adultos mayores, así como diferencias por sexo y subtipo clínico. 

Si bien las estimaciones generales fueron consistentes con los rangos esperados para poblaciones mixtas, se observó una alta heterogeneidad estadística en casi todos los análisis, lo que refleja la variabilidad entre diseños, criterios diagnósticos y contextos geográficos. 

El análisis de metarregresión por año de publicación no mostró evidencia de una tendencia temporal significativa; sin embargo, al utilizar el punto medio del período de recopilación de datos, se identificó una tendencia descendente significativa, lo que sugirió que el período epidemiológico real captura mejor los cambios temporales que el año de publicación.

La alta heterogeneidad estadística observada en todos los análisis ( I2= 100%) fue un hallazgo consistente que justifica la discusión. 

Sin embargo, este resultado debe interpretarse dentro del contexto de la literatura metodológica más amplia sobre metaanálisis de tasas epidemiológicas. 

Evidencia reciente ha demostrado que la heterogeneidad extrema es una característica inherente de los metaanálisis de prevalencia e incidencia globales. 

Migliavaca et al. encontraron una mediana I2del 96,9% (RIC 90,5–98,7%) en 134 metaanálisis de prevalencia, y Vera-Ponce et al., en una revisión general de 53 metaanálisis globales, documentaron I2mayor o igual al 90% en el 88,7% de los estudios y yo2 > 99% en 64,2%. 

Esta variabilidad refleja diferencias genuinas entre poblaciones en cuanto a estructura de edad, perfiles de riesgo cardiovascular, prácticas de diagnóstico, acceso a la atención médica y sistemas de vigilancia epidemiológica. 

En este contexto, el modelo de efectos aleatorios empleado en este análisis proporciona una estimación de la incidencia promedio en diversos entornos en lugar de asumir un único efecto común, que es el marco analítico apropiado cuando se esperan diferencias reales entre estudios.

Se realizaron análisis de subgrupos por región geográfica, década de publicación, tipo de muestreo, sexo, edad y fenotipo de IC, así como metarregresiones por año de publicación, punto medio del estudio, tamaño de la muestra, duración del seguimiento, tipo de criterios diagnósticos, fuente de datos, diseño del estudio y tipo de medida del tiempo de seguimiento. 

De estos, el punto medio del estudio fue el predictor más fuerte de incidenciap = 0,0002, R2= 23,75%), seguido del tamaño de la muestrap = 0,006, R2= 13,79%) y duración del seguimiento p = 0,039, R2= 7,35%). 

El tipo de criterios diagnósticos, la fuente de datos y el diseño del estudio no explicaron significativamente la heterogeneidad observada. 

Ninguno de estos análisis redujo sustancialmente la heterogeneidad por debajo del 99%, un resultado que es consistente con el comportamiento esperado en los metaanálisis epidemiológicos donde múltiples fuentes de variabilidad operan simultáneamente y no pueden ser capturadas completamente por moderadores a nivel de estudio. 

Lograr reducciones significativas en la heterogeneidad en los metaanálisis de incidencia global probablemente requeriría un grado de estandarización metodológica entre los estudios primarios (en criterios diagnósticos, fuentes de datos y definiciones de población) que actualmente no existe en la literatura sobre insuficiencia cardíaca. 

Hasta que se logre dicha estandarización, las estimaciones combinadas deben interpretarse como promedios ponderados en contextos heterogéneos, y las estimaciones específicas de subgrupos proporcionan información más práctica para la planificación de la salud regional.

Estos hallazgos sobre la incidencia global de IC, con una tasa combinada de 2,72 casos por 1000 personas-año (IC del 95%: 1,95–3,81), son generalmente consistentes con las estimaciones reportadas en revisiones previas. 

El estudio realizado por Conrad et al. encontró tasas de incidencia que oscilan entre 2,1 y 3,9 por 1000 personas-año en estudios europeos, similar a la estimación para esta región (2,65 por 1000 personas-año). 

También coincide con la revisión sistemática de Savarese y Lund, quienes reportaron que la incidencia de IC en la población general varía entre 1 y 4 casos por 1000 personas-año, con la estimación de los autores peruanos ubicada dentro de este intervalo. 

Sin embargo, esta revisión ofrece una estimación más precisa y actualizada, que incorpora estudios publicados hasta 2025.

El Estudio de la Carga Global de Enfermedad 2019 informó un aumento sostenido en la carga absoluta de IC en todo el mundo, con aproximadamente 65 millones de casos prevalentes y una incidencia ajustada por edad de 4,2 por 1000 habitantes (Roth et al.), superior a la estimación peruana. 

Esta diferencia podría explicarse por los diferentes métodos empleados, ya que el GBD utiliza modelos estadísticos complejos que integran múltiples fuentes de datos, mientras que este metaanálisis se basó exclusivamente en estudios observacionales publicados. 

Es importante señalar que la Actualización de Estadísticas de Enfermedades Cardíacas y Accidentes Cerebrovasculares 2022 de la Asociación Americana del Corazón estimó que aproximadamente 1 millón de nuevos casos de IC se diagnostican anualmente en los Estados Unidos (Tsao et al.), lo que, considerando la población adulta de EE. UU., se traduce en tasas cercanas a 5 por 1000 personas-año, consistente con la estimación de los autores para América del Norte (6,06 por 1000 personas-año).

Las diferencias regionales identificadas en este análisis merecen especial atención. 

La tasa de incidencia significativamente mayor en Norteamérica en comparación con Europa coincide con los patrones reportados por Ziaeian y Fonarow, quienes documentaron una mayor carga de IC en Estados Unidos que en los países europeos. 

Estas diferencias podrían atribuirse a la mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular en la población norteamericana, particularmente obesidad y diabetes. 

Según datos de NHANES 2017-2018, la prevalencia de obesidad en adultos estadounidenses alcanzó el 42,4% (Hales et al)., mientras que en Europa es de alrededor del 23% según la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Además, las diferencias en los sistemas de vigilancia epidemiológica y los criterios de diagnóstico podrían contribuir a esta variación, como describen Lippi y Sanchis-Gomar en su revisión sobre epidemiología comparada de la IC.

La incidencia encontrada en Asia (4,08 por 1000 personas-año) merece un análisis particular, ya que es más alta que la reportada históricamente para esta región. 

El registro ASIAN-HF, que incluyó datos de 11 países asiáticos, ha documentado un aumento acelerado en la incidencia de IC en estos territorios, especialmente en áreas urbanas industrializadas (Lam et al.). 

Un estudio reciente basado en el Servicio Nacional de Seguro de Salud de Corea encontró que la incidencia anual de IC aumentó de 0,7 a 9,7 por 1000 personas entre 2002 y 2018 (Lee et al.), consistente con la estimación de los autores para Corea del Sur (9,87 por 1000 personas-año). 

La rápida transición epidemiológica, el envejecimiento de la población y la occidentalización de los estilos de vida en Asia podrían explicar este fenómeno emergente, como lo propone el análisis de Zhang et al. sobre la epidemiología cambiante de la IC en China.

Las diferencias de sexo identificadas en el metaanálisis peruano, con tasas ligeramente más altas en hombres (1,93 frente a 1,62 por 1000 personas-año en mujeres), son consistentes con los hallazgos del estudio ARIC (Riesgo de Aterosclerosis en Comunidades), que informó una incidencia acumulada a 5 años de 15,7 frente a 13,3 por 1000 en hombres y mujeres respectivamente (Loehr et al).. 

Sin embargo, la diferencia observada en la revisión actual es menos pronunciada que la informada en estudios previos como Roger et al., que encontraron una incidencia ajustada por edad de 3,78 frente a 2,89 por 1000 personas-año para hombres y mujeres en el condado de Olmsted. 

Esta aparente convergencia podría reflejar un cambio epidemiológico importante: mientras que las tasas en los hombres han tendido a estabilizarse o incluso a disminuir en algunos contextos debido a las mejoras en el manejo de la cardiopatía isquémica, las tasas en las mujeres no han mostrado una disminución tan marcada, como documentaron Shah et al. en un análisis de las tendencias del Registro Get With The Guidelines-Heart Failure.

El marcado aumento de la incidencia en la población mayor de 50 años (12,38 frente a 3,05 por 1000 personas-año en la población general) está en línea con los hallazgos del estudio de Framingham, que documentó un aumento exponencial del riesgo de IC con la edad. 

Levy et al. encontraron que la incidencia de IC aumentó de 3 por 1000 personas-año a los 50-59 años a 27 por 1000 personas-año a los 80-89 años en hombres, con un patrón similar en mujeres. 

Datos más recientes del Estudio de Población General de Copenhague confirmaron este gradiente de edad, con un aumento de aproximadamente 8 veces en la incidencia de IC entre los 50 y los 90 años. 

Los resultados peruanos confirman la persistencia de este patrón en estudios contemporáneos y diversos contextos geográficos.

Las estimaciones para subtipos específicos de IC (1,77 para ICFEr y 1,58 para ICFEp por 1000 personas-año) difieren de las reportadas por Gerber et al., quienes encontraron en la cohorte del condado de Olmsted una mayor incidencia de ICFEp (2,5 frente a 1,9 por 1000 personas-año para ICFEr). 

Esta discrepancia debe interpretarse con precaución dado que solo cuatro estudios en el metaanálisis aquí considerado reportaron incidencia específica por subtipo, lo que resultó en amplios intervalos de confianza (ICFEp: 0,41–6,06; ICFEr: 0,56–5,60) que reflejan una imprecisión sustancial. 

Estos resultados, si bien proporcionan un punto de referencia cuantitativo para una pregunta clínica importante, tienen poca potencia y no deben usarse como estimaciones definitivas. 

Además, la clasificación de los fenotipos de IC ha evolucionado significativamente durante el período de estudio. 

Estudios anteriores utilizaron una clasificación binaria basada en la fracción de eyección (reducida frente a preservada), mientras que las guías actuales, incluida la actualización de la ESC de 2021, reconocen un sistema de tres niveles que incluye la IC con fracción de eyección ligeramente reducida (ICFEr, FEVI 41 %-49 %). 

Ninguno de los estudios incluidos informó datos de incidencia específicos para ICFEr, lo que impidió el análisis de esta categoría cada vez más reconocida. 

Los puntos de corte variables para la fracción de eyección utilizados en los distintos estudios y periodos de tiempo complican aún más las comparaciones entre estudios y contribuyen a la heterogeneidad observada en el análisis específico del fenotipo.

Varios factores, incluida la inclusión en este análisis de una representación más amplia de regiones geográficas y la heterogeneidad metodológica entre los estudios, podrían explicar la ausencia de una clara tendencia temporal en la metarregresión por año de publicación. 

Sin embargo, la significativa tendencia descendente observada al usar el punto medio de la recopilación de datos ( p = 0,0002) sugiere que la incidencia de IC podría estar disminuyendo con el tiempo, pero este efecto se ve enmascarado cuando se usa el año de publicación como indicador, dado el desfase variable entre la recopilación de datos y la publicación. 

Además, como propusieron Sidney et al., los efectos contrapuestos de las mejoras en la prevención primaria (que reducirían la incidencia) y el envejecimiento de la población, junto con el aumento de la supervivencia posterior al infarto (que la incrementaría), podrían resultar en un efecto neto de aparente estabilidad en las tasas brutas.

Las estimaciones de incidencia de IC obtenidas en este metaanálisis tienen importantes implicancias para los sistemas de salud globales. 

La tasa combinada de 2,72 casos por 1000 personas-año, que aumenta a 12,38 por 1000 personas-año en la población mayor de 50 años, sugiere que la planificación sanitaria debe contemplar un aumento sostenido de la demanda de atención médica relacionada con la IC, especialmente en países con poblaciones que envejecen. 

Los datos indican que el impacto económico será considerable, dado que cada hospitalización por IC representa un costo significativo para los sistemas de salud, sin contar los costos indirectos asociados con la pérdida de productividad y la atención informal. 

Estos hallazgos señalan la necesidad urgente de reorientar los recursos hacia programas estructurados de prevención primaria dirigidos específicamente a poblaciones en riesgo y hacia modelos de atención integrada que reduzcan las hospitalizaciones evitables, particularmente en entornos con recursos limitados donde el impacto proporcional de la IC podría ser aún mayor.

Las marcadas disparidades regionales identificadas en este estudio, con tasas más elevadas en Norteamérica (6,06) que en Europa (2,65 por 1000 personas-año), evidencian la necesidad de adaptar las estrategias de salud pública a los contextos locales. 

El acelerado aumento de la incidencia de insuficiencia cardíaca en Asia (4,08 por 1000 personas-año) sugiere que los países en transición epidemiológica requieren políticas específicas que aborden simultáneamente las enfermedades cardíacas tradicionales y emergentes. 

Los datos indican que estas regiones podrían beneficiarse de intervenciones diferenciadas, con mayor énfasis en el control de factores de riesgo emergentes como la obesidad y la diabetes en Norteamérica, mientras que en Asia sería prioritario desarrollar infraestructuras de detección temprana dado el rápido aumento observado. 

Los resultados aquí observados proporcionan la base epidemiológica necesaria para orientar la distribución de recursos en iniciativas de salud global y adaptar las intervenciones a las características epidemiológicas de cada región.

Las diferencias de incidencia identificadas entre hombres (1,93) y mujeres (1,62 por 1000 personas-año), aunque menos pronunciadas que en estudios previos, reflejan la persistencia de disparidades de género que requieren atención específica en las políticas de salud. 

Los resultados sugieren que podría haber diferencias tanto en la exposición a factores de riesgo como en el acceso al diagnóstico entre sexos. 

La menor brecha observada en comparación con estudios históricos podría interpretarse como un avance en la equidad diagnóstica, pero también como un posible aumento relativo de la incidencia en mujeres asociado con cambios en los patrones de riesgo cardiovascular. 

Estos hallazgos respaldan la necesidad de implementar programas de detección que consideren las diferencias específicas de género y estrategias de prevención adaptadas a los diferentes perfiles de riesgo y presentaciones clínicas entre hombres y mujeres, un aspecto frecuentemente descuidado en las guías de práctica clínica actuales.

La creciente carga de insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp), documentada en este estudio, con una incidencia de 1,58 por 1000 personas-año (similar a la de la IC con fracción de eyección reducida), supone un reto particular para los sistemas sanitarios. 

Este hallazgo es especialmente relevante dada la escasez de tratamientos específicos con evidencia sólida para este fenotipo, lo que implica que una proporción cada vez mayor de pacientes con IC recibirá enfoques terapéuticos subóptimos. 

Los datos sugieren la necesidad urgente de reorientar los recursos de investigación hacia este fenotipo frecuentemente desatendido, así como de desarrollar programas de atención específicos que se centren en el manejo integral de las comorbilidades, frecuentemente presentes en estos pacientes. 

La convergencia en la incidencia entre ambos fenotipos también pone de relieve la importancia de mejorar la formación de los profesionales sanitarios en el reconocimiento y manejo de la ICFEp, tradicionalmente infradiagnosticada en la atención primaria.

Finalmente, la ausencia de una clara tendencia temporal por año de publicación, a pesar de los avances en la prevención cardiovascular primaria durante las últimas décadas, junto con la significativa tendencia descendente en el punto medio de la recopilación de datos, sugiere un patrón complejo donde las mejoras en la prevención pueden verse parcialmente contrarrestadas por el envejecimiento de la población y el aumento de la supervivencia tras eventos cardiovasculares agudos. 

Este equilibrio tiene profundas implicancias para la sostenibilidad de los sistemas de salud, lo que indica la necesidad de un enfoque dual: por un lado, intensificar las estrategias de prevención primordial centradas en los factores de riesgo modificables desde edades tempranas, y por otro, desarrollar modelos de atención que optimicen los recursos en un escenario de creciente demanda. 

Los resultados de este estudio sugieren que las políticas de salud pública deberían reorientarse hacia un enfoque integral del ciclo de vida de la insuficiencia cardíaca, desde la prevención temprana hasta la gestión crónica optimizada, con especial atención a las transiciones entre los niveles de atención, un punto crítico donde con frecuencia se producen discontinuidades que aumentan los reingresos y los costos asociados a esta patología.

El estudio actual presenta importantes fortalezas metodológicas que refuerzan la validez de los hallazgos. 

Realizaron una búsqueda bibliográfica exhaustiva y sistemática en múltiples bases de datos sin restricciones de idioma, identificando 42 estudios (2001–2025) con criterios de elegibilidad claramente definidos. 

El riesgo de sesgo se evaluó utilizando la herramienta Munn, con el 57,1% de los estudios clasificados como de bajo riesgo y ningún estudio clasificado como de alto riesgo 

Implementaron métodos estadísticos robustos adaptados a la heterogeneidad esperada, incluyendo la transformación logarítmica de las tasas de incidencia reportadas con estimación de varianza derivada de Poisson, modelos de efectos aleatorios con REML y análisis de sensibilidad exhaustivos que compararon cinco estimadores de varianza diferentes, todos los cuales produjeron resultados convergentes. 

Realizaron análisis estratificados por región, sexo, edad, fenotipos específicos, tipo de criterios de diagnóstico, fuente de datos, diseño del estudio y riesgo de sesgo, así como metarregresiones por ocho moderadores diferentes 

Cabe destacar la amplia cobertura geográfica, con estudios de 18 países diferentes en tres continentes, que incluyen entornos urbanos y rurales, y la consideración de diversos criterios de diagnóstico (clínicos, administrativos y mixtos) que reflejan la complejidad de la práctica epidemiológica contemporánea.

A pesar de sus fortalezas, el estudio tuvo limitaciones que deben considerarse al interpretar los resultados.

La marcada heterogeneidad estadística I2= 100%) persiste incluso en análisis estratificados, lo que refleja diferencias metodológicas sustanciales entre los estudios primarios, aunque este nivel es consistente con metaanálisis globales similares. 

Hubo una subrepresentación geográfica, con ausencia de estudios de África, Oceanía y América Latina y predominio de investigación de países de altos ingresos, lo que limitó la generalización a regiones donde los perfiles epidemiológicos de IC podrían diferir significativamente; el término “global” en el título se refiere al alcance mundial de la estrategia de búsqueda, realizada sin restricciones geográficas o de idioma, y esta distribución desigual refleja una brecha en la literatura primaria más que en la metodología utilizada. 

La variabilidad en los criterios de diagnóstico introdujo complejidad en la comparabilidad: los estudios de validación han informado valores predictivos positivos para la identificación de IC basada en CIE que van del 70% al 95%, con los códigos administrativos que tienden a capturar casos más graves u hospitalizados, mientras que los criterios clínicos adjudicados pueden tener mayor sensibilidad para la enfermedad en etapa temprana, aunque la metarregresión mostró que el tipo de criterios de diagnóstico no influyó significativamente en las estimaciones combinadas ( p = 0,323). 

La estratificación por edad se limitó a una clasificación dicotómica (menores y mayores de 50 años), ya que solo cuatro estudios evaluaron exclusivamente poblaciones de edad avanzada y ningún estudio proporcionó datos separados para los ancianos (mayores de 80 años); esto refleja cómo se informa la incidencia de IC en la literatura actual más que una elección analítica. 

El análisis específico del fenotipo (ICFEr e ICFEp) se basó en solo cuatro estudios, lo que resultó en amplios intervalos de confianza que reflejan una imprecisión sustancial, y la IC con fracción de eyección ligeramente reducida (ICFEmr), reconocida en las guías de la ESC de 2021, no pudo analizarse ya que ningún estudio informó datos de incidencia para esta categoría.

Deben reconocerse varias limitaciones adicionales, inherentes a los estudios primarios. 

Las estimaciones a nivel de país y región estuvieron sujetas a la falacia ecológica, ya que no capturan la heterogeneidad dentro de cada país relacionada con las diferencias urbano-rurales y las disparidades socioeconómicas. 

Las tasas de incidencia notificadas reflejan en parte la capacidad de diagnóstico y el acceso a la atención médica, más que la verdadera incidencia de la enfermedad, y las estimaciones pueden verse afectadas por el sesgo de supervivencia, ya que las personas que fallecen antes de recibir un diagnóstico formal de IC no se incluirían como casos incidentes. 

Los criterios diagnósticos para la IC evolucionaron sustancialmente durante el período de estudio (2000-2025), desde definiciones predominantemente clínicas hasta marcos que incorporan biomarcadores e imágenes, y la codificación CIE pasó de la CIE-9 a la CIE-10 en muchos países, lo que puede afectar las comparaciones temporales. 

Este análisis no pudo evaluar directamente la influencia de comorbilidades como la diabetes y la obesidad en los patrones regionales, ya que estos datos se notificaron de forma inconsistente en los estudios primarios; futuros metaanálisis que incorporen datos de participantes individuales estarían mejor posicionados para abordar esta cuestión. 

La verdadera carga mundial de insuficiencia cardíaca puede diferir sustancialmente de las estimaciones mencionadas, particularmente en las regiones de ingresos bajos y medios, donde el acceso a los servicios de diagnóstico y la estructura de edad de la población difieren considerablemente de los de los países representados en esta revisión, lo que refuerza la necesidad urgente de realizar estudios de incidencia basados en la población en regiones subrepresentadas.

Como conclusiones, este metaanálisis proporciona una estimación actualizada y metodológicamente rigurosa de la incidencia global de insuficiencia cardíaca, estableciendo una tasa combinada de 2,72 casos por 1000 personas-año (IC del 95%: 1,95–3,81) en la población general, con variaciones según la región geográfica, el sexo, la edad y el fenotipo. 

Los hallazgos mostraron una carga particularmente alta en América del Norte y Asia, un marcado aumento en la población mayor de 50 años y una convergencia progresiva entre los subtipos con fracción de eyección reducida y preservada. 

Aunque no se observó una tendencia temporal significativa por año de publicación, la metarregresión por punto medio de la recopilación de datos identificó una tendencia descendente significativa en la incidencia de IC a lo largo del tiempo p = 0,0002), lo que sugiere que los avances en la prevención cardiovascular pueden estar teniendo un efecto medible que queda enmascarado cuando se utiliza el año de publicación como referencia temporal. 

Este escenario configura la insuficiencia cardíaca como un desafío de salud global persistente y creciente, que requiere estrategias diferenciadas según el contexto regional y sociodemográfico, con especial atención a las poblaciones de edad avanzada, donde la incidencia se cuadruplica en comparación con la población general. 

Sin embargo, la estimación global se deriva principalmente de países de altos ingresos, y la ausencia de datos de África, América Latina y Oceanía limita la generalización de estos hallazgos a entornos de ingresos bajos y medios.

Con base en los hallazgos de este estudio, los autores recomendaron implementar programas integrales de vigilancia epidemiológica de la insuficiencia cardíaca con metodología estandarizada, particularmente en regiones subrepresentadas (África, Latinoamérica, Oceanía), lo que permitirá identificar patrones específicos y un seguimiento más preciso de las tendencias temporales. 

Es prioritario desarrollar estrategias preventivas diferenciadas según el perfil epidemiológico regional, con énfasis en el control de la obesidad y la diabetes en Norteamérica, y en la detección temprana en áreas urbanas asiáticas con una incidencia en rápido aumento. 

Los sistemas de salud deben prepararse para la creciente demanda mediante modelos de atención que optimicen los recursos y reduzcan las hospitalizaciones evitables, especialmente en atención primaria y en las transiciones entre niveles de atención. 

La investigación futura debería priorizar los estudios sobre insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, cuya incidencia, comparable a la de la forma reducida, contrasta con su menor comprensión fisiopatológica y opciones terapéuticas limitadas. 

Finalmente, recomendaron incorporar sistemáticamente la perspectiva de género en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, adaptando las intervenciones a los diferentes perfiles de riesgo y la presentación clínica entre sexos, y prestando especial atención a la población femenina mayor, donde convergen los factores de riesgo más determinantes identificados en el análisis.

* Ballena-Caicedo J, Zuzunaga-Montoya FE, Valladolid-Sandoval LAM, Bautista Zuta JC, Valladares-Garrido MJ, Gutierrez De Carrillo CI, León-Figueroa DA, Vera-Ponce VJ. Global heart failure incidence rate: an updated systematic review and meta-analysis. Front Cardiovasc Med. 2026 Mar 20;13:1714070. doi: 10.3389/fcvm.2026.1714070. PMID: 41940091; PMCID: PMC13046512.

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