Investigadores holandeses realizaron una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados publicados previamente con el propósito de analizar en pacientes afectados de enfermedad cardiovascular aterosclerótica. la efectividad de las Intervenciones de salud digital para el control de los lípidos, y publicaron sus hallazgos en la edición del 10 de abril de 2026 de eClinicalMedicine*.
La NOTICIA DEL DÍA de hoy se dedicará a realizar comentarios sobre esta publicación.
Como prólogo a sus consideraciones, los autores manifestaron que la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ACVD por sus siglas en inglés de atherosclerotic cardiovascular disease o ECVA, enfermedad cardiovascular aterosclerótica), que incluye el ictus y la enfermedad coronaria, sigue siendo la principal causa de muerte en todo el mundo.
El colesterol LDL elevado es un factor de riesgo modificable bien establecido para la ECVA, siendo que su reducción intensiva disminuye significativamente el riesgo de eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE).
En consecuencia, las guías de la Sociedad Europea de Cardiología de 2019 recomiendan una reducción del colesterol LDL de al menos el 50 % con respecto al valor basal y un valor objetivo de <1,4 mmol/L (<55 mg/dL) para pacientes con riesgo cardiovascular (CV) muy elevado.
A pesar de la disponibilidad de terapias hipolipemiantes y estrategias de prevención eficaces, los datos de la práctica clínica indican que muchas personas de alto riesgo no alcanzan estos objetivos lipídicos.
Por lo tanto, un número considerable de pacientes permanece innecesariamente con un mayor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares recurrentes.
Dada la creciente carga de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ECVA), el aumento de los costos de la atención médica y la creciente escasez de personal sanitario, existe una necesidad urgente de enfoques innovadores y escalables que transformen las estrategias de prevención secundaria, en particular en el manejo de los lípidos.
Por otro lado, la salud digital abarca el uso de tecnologías de la información y las telecomunicaciones para mejorar la atención al paciente, optimizando el acceso a los datos médicos y proporcionando retroalimentación tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios.
Reiterando el concepto, la salud digital o eSalud (eHealth): o Salud electrónica es el uso de tecnologías de información y comunicación (TIC) —como aplicaciones móviles, telemedicina, dispositivos vestibles (wearables) y registros médicos electrónicos— para mejorar la prestación de servicios, la gestión de la salud y el bienestar de las personas.
Su objetivo es hacer los sistemas de salud más eficientes, accesibles y personalizados.
Evidencia reciente sugiere que la salud digital puede contribuir a la reducción del riesgo cardiovascular en una amplia gama de enfermedades cardiovasculares.
A pesar de estos resultados prometedores, su aplicación en el manejo de los lípidos sigue estando infrautilizada y poco explorada, con pocos ensayos diseñados específicamente para abordar los resultados relacionados con los lípidos.
Una revisión previa ofreció información sobre el impacto de la salud digital en la práctica actual y futura del manejo de los lípidos, pero se vio limitada por criterios de inclusión amplios y la falta de síntesis cuantitativas.
Hasta la fecha, no se ha publicado una síntesis sistemática de la literatura centrada en las intervenciones de salud digital para el manejo de los lípidos en la ECVA.
Por lo tanto, el objetivo de esta revisión y metaanálisis fue evaluar el efecto de las intervenciones de salud digital en el control de los lípidos en pacientes con ACVD, y sintetizar la evidencia actual para fundamentar futuras investigaciones y guiar su implementación en la práctica clínica.
Resumiendo lo expresado a manera de síntesis, la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ECVA) sigue siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad a nivel mundial.
El control de los lípidos es un componente clave de la prevención secundaria, pero la mayoría de los pacientes no logran alcanzar los objetivos de colesterol LDL.
La salud digital puede ser una estrategia innovadora y rentable para mejorar el control lipídico, pero se carece de una síntesis cuantitativa sistemática.
Por ello, este estudio tuvo como objetivo evaluar el efecto de las intervenciones de salud digital en la reducción del colesterol LDL y el logro de los objetivos lipídicos en pacientes con ECVA.
A tales efectos, se realizó una búsqueda sistemática en Medline, Embase, CINAHL y CENTRAL desde su inicio hasta el 27 de mayo de 2025.
Se incluyeron ensayos controlados aleatorizados (ECA) que evaluaban el efecto de las intervenciones de salud digital en pacientes con ECVA y que informaban sobre los resultados lipídicos.
Los resultados primarios fueron el cambio en el colesterol LDL medio y el logro del control lipídico (colesterol LDL < 1,8 mmol/L) (o para expresarlo en términos de mg/dl se debe multiplicar por 18)
Las estimaciones combinadas se calcularon mediante modelos de efectos aleatorios.
La heterogeneidad se evaluó mediante el estadístico I² y el sesgo de publicación mediante la inspección visual de un gráfico de embudo y la prueba de Egger.
Se utilizó la herramienta Cochrane Risk of Bias 2 para evaluar el riesgo de sesgo.
El protocolo se registró en PROSPERO (CRD42024575196).
De los 4997 registros identificados, se incluyeron 18 ensayos clínicos aleatorizados (ECA) de 11 regiones (n = 12 970) en la revisión sistemática.
El riesgo de sesgo se consideró alto en todos los ensayos incluidos.
En general, la salud digital se asoció con mayores reducciones del colesterol LDL en comparación con la atención habitual [diferencia media (DM) = −0,10 mmol/L (IC del 95 %: −0,17 a −0,04); p = 0,003; I² = 74 %].
No se detectó evidencia de sesgo de publicación.
El control de los lípidos también mejoró [cociente de riesgos (RR) = 1,15 (IC del 95 % 1,03–1,28); p = 0,02; I2 = 57 %].
En los análisis de subgrupos, las intervenciones multicomponente mostraron la mayor reducción en LDL-c [MD = −0,22 mmol/L (−0,38 a −0,07); I2 = 78 %], en comparación con las intervenciones solo de SMS [MD = −0,03 mmol/L (−0,14 a 0,08); I2 = 70 %], SMS combinado con material de apoyo [MD = −0,05 mmol/L (−0,14 a 0,03); I2 = 36 %] y aplicaciones para teléfonos inteligentes [MD = −0,07 mmol/L (−0,21 a 0,06); I² = 47%], aunque las diferencias entre los modos de administración no fueron estadísticamente significativas (p = 0,21).
La adherencia a la medicación autoinformada mejoró ligeramente en el grupo de salud digital en comparación con el grupo control [RR = 1,08 (1,00–1,16); p = 0,04; I² = 88%].
Además, la salud digital se asoció con un menor riesgo de hospitalización [RR = 0,64 (0,50–0,81); p < 0,001; I² = 18%].
Estos hallazgos sugieren que las intervenciones de salud digital pueden favorecer la reducción del colesterol LDL y el control de los lípidos en pacientes con ECVA.
Las intervenciones multicomponente fueron las más eficaces, especialmente cuando se combinaron con una administración de alta frecuencia, comunicación bidireccional y telemonitorización.
Se observó una alta heterogeneidad y un alto riesgo de sesgo entre los estudios, y la reducción del colesterol LDL no fue un resultado primario en la mayoría de los ensayos, lo que justifica una interpretación cuidadosa.
No obstante, la salud digital muestra potencial para su integración en el control de los lípidos y justifica futuras investigaciones para optimizar su eficacia y apoyar su implementación en la práctica clínica.
Promoviendo la discusión de las observaciones señaladas, los autores plantearon que el objetivo de esta revisión sistemática y metaanálisis fue sintetizar la efectividad de las intervenciones de salud digital frente a la atención habitual para el control de lípidos en pacientes con ECVA.
El metaanálisis de 18 ensayos clínicos aleatorizados (n = 12 970 participantes) identificó que las intervenciones de salud digital resultaron en mayores reducciones del colesterol LDL que la atención estándar.
Si bien la disminución absoluta del colesterol LDL fue modesta (−0,10 mmol/L), fue estadísticamente significativa y se asoció con una probabilidad un 15 % mayor de alcanzar los umbrales objetivo (<1,8 mmol/L).
Dado que la mayoría de los ensayos no se centraron en la reducción del colesterol LDL como resultado primario, este grado de mejora del colesterol LDL es prometedor y puede ofrecer beneficios adicionales, pequeños pero consistentes, en comparación con la atención habitual en la prevención secundaria.
La modesta magnitud de la reducción del colesterol LDL justifica una interpretación clínica, particularmente en una población con muy alto riesgo de ECVA.
Las guías actuales recomiendan una reducción intensiva de lípidos, con disminuciones de LDL-c de al menos el 50 % respecto al valor basal y objetivos absolutos inferiores a 1,4 mmol/L, por lo que el efecto observado es pequeño en comparación con las terapias farmacológicas hipolipemiantes.
Grandes metaanálisis han demostrado una reducción del riesgo relativo del 22 % en eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE) por cada disminución de 1 mmol/L en LDL-c, lo que indica que la reducción del riesgo individual estimada asociada al efecto observado es limitada.
No obstante, el efecto se acompañó de una mejora significativa en el logro del objetivo lipídico.
Cabe destacar que incluso pequeñas reducciones de LDL-c pueden traducirse en beneficios significativos a nivel poblacional cuando se utilizan intervenciones escalables de forma generalizada.
Por consiguiente, las intervenciones de salud digital deben considerarse una estrategia complementaria a la atención estándar, con potencial para mejorar la adherencia al tratamiento, apoyar la modificación del estilo de vida, mejorar el acceso a la atención y facilitar la optimización oportuna del tratamiento.
Se observó una heterogeneidad sustancial entre los ensayos (I2 = 74%), probablemente explicada por variaciones en los diseños de intervención, como el modo de administración, la intensidad, la duración, el tipo de comunicación, el uso de monitorización remota del paciente y si la reducción del LDL-c era el objetivo principal.
La combinación de enfoques tan diversos puede haber atenuado el tamaño del efecto general.
Al comparar las diferentes modalidades, los autores encontraron que las intervenciones multicomponente (programas estructurados que combinan simultáneamente varios tipos de actuaciones) fueron más efectivas en términos de reducción del LDL-c en comparación con las intervenciones que solo utilizaban SMS (por sus siglas en inglés de short message service, -servicio de mensajes cortos-) y aplicaciones para teléfonos inteligentes.
Además, la administración de mayor frecuencia, la comunicación bidireccional y el uso de telemonitorización también se asociaron con mayores reducciones de LDL-c.
Estos hallazgos están en línea con una revisión sistemática reciente donde los mensajes de texto telefónicos para la prevención secundaria no se asociaron con un efecto significativo en los resultados de LDL-c, lo que destaca el potencial limitado para el manejo de los lípidos.
En contraste, las intervenciones multicomponente ofrecen una gran variedad de funcionalidades, como bucles de retroalimentación automatizados, interfaces interactivas y seguimiento en tiempo real de datos de salud, que naturalmente faltan en las intervenciones que solo utilizan mensajes de texto SMS.
Estos enfoques integrados suelen combinar componentes eficaces, como aplicaciones para smartphones, mensajería, contenido educativo, recordatorios y dispositivos portátiles, lo que a menudo permite la comunicación bidireccional y la telemonitorización.
Estos hallazgos resaltan la eficacia diferencial de las diversas modalidades y características de la salud digital, observándose que las intervenciones más interactivas, personalizadas y continuas tienen un mayor potencial para reducir el colesterol LDL.
Las intervenciones de salud digital deben considerarse estrategias, más que intervenciones directas para la reducción de lípidos, ya que apoyan comportamientos y procesos de atención que, en última instancia, influyen en el control de los lípidos.
Por lo tanto, es probable que las reducciones observadas en el colesterol LDL se produzcan a través de mecanismos indirectos, como la adherencia a la medicación y los cambios en el estilo de vida.
Un componente crítico de la prevención secundaria eficaz y el control de los lípidos es la adherencia al tratamiento farmacológico.
La adherencia sostenida a la medicación se ha asociado con un riesgo un 20 % menor de enfermedad cardiovascular, y se estima que el 9 % de los eventos cardiovasculares son atribuibles a una mala adherencia.
Revisiones sistemáticas previas han evaluado la eficacia de las intervenciones de salud digital en la adherencia a la medicación y han informado mejoras sustanciales en la adherencia a la medicación.
En contraste, el metaanálisis realizado por los autores mostró una mejora modesta pero significativa en la adherencia en el grupo de salud digital.
El menor tamaño del efecto podría explicarse por la dependencia de medidas autoinformadas y el diseño no cegado en la mayoría de los ensayos, ambos propensos a sesgos.
Cabe destacar que los ensayos que utilizaron instrumentos validados como el MMAS (por sus siglas en inglés de Morisky Medication Adherence Scale) demostraron mayores mejoras en la adherencia.
Más allá de la adherencia a la medicación, muchas intervenciones se centraron en el comportamiento del estilo de vida, incluida la actividad física y la dieta, lo que puede haber contribuido aún más a las reducciones del LDL-c.
Si bien los resultados del estilo de vida no se evaluaron sistemáticamente, es probable que una mayor participación en la modificación del estilo de vida complementara el tratamiento farmacológico.
Esto explica parcialmente los efectos observados en el colesterol LDL.
Entre las fortalezas del estudio se incluyen el uso y la adhesión a una metodología rigurosa y estandarizada, tal como se documenta en las guías PRISMA y Cochrane.
Además, la población de estudio incluída es amplia y diversa, tanto demográfica como culturalmente, y proviene de 11 regiones, representando países de ingresos medios-bajos, medios-altos y altos de cuatro continentes.
Esta diversidad geográfica refuerza la generalización de los hallazgos y destaca el potencial de la salud digital en regiones remotas con acceso limitado a recursos sanitarios.
Asimismo, se realizaron una serie exhaustiva de análisis de subgrupos y de sensibilidad para garantizar la solidez del tamaño del efecto global, y se incluyeron datos sobre la aceptabilidad y utilidad percibidas por los participantes respecto a las intervenciones de salud digital.
Por último, informaron no solo sobre la reducción del colesterol LDL, sino también sobre la proporción de participantes que lograron el control lipídico, definido como un colesterol LDL < 1,8 mmol/L.
Si bien este objetivo no se ajusta a las guías internacionales vigentes, resulta relevante para la toma de decisiones clínicas y el manejo de los factores de riesgo.
Los autores admitieron que el estudio presenta varias limitaciones.
En primer lugar, la mayoría de los estudios no se diseñaron específicamente para abordar el control de los lípidos; por lo tanto, el colesterol LDL se evaluó con frecuencia como criterio de valoración secundario en lugar de primario.
Esto puede aumentar la imprecisión y la notificación selectiva, a pesar de que el colesterol LDL se midió objetivamente.
En segundo lugar, se observó una heterogeneidad sustancial en los análisis combinados, particularmente en el cambio del colesterol LDL, lo que indica variabilidad en el diseño de la intervención y la duración del seguimiento.
Esta heterogeneidad limita la certeza de la estimación del efecto general y los hallazgos deben interpretarse con precaución.
Sin embargo, se aplicaron modelos de efectos aleatorios y análisis de subgrupos para tener esto en cuenta.
En tercer lugar, todos los estudios carecían de cegamiento tanto de los pacientes como de los cuidadores, lo que introduce un sesgo de rendimiento que podría influir en el estilo de vida y el comportamiento de toma de medicamentos.
Debido a la naturaleza de las intervenciones de salud digital, el enmascaramiento de los participantes y del personal sanitario es prácticamente imposible.
Además, algunos estudios tenían tamaños de muestra pequeños, lo que limita aún más la fiabilidad de las estimaciones generales.
En cuarto lugar, la clasificación de las intervenciones digitales fue un desafío debido a la superposición de modalidades, lo que podría influir en las estimaciones de los subgrupos.
Los autores se propusieron mitigar este posible sesgo clasificando las intervenciones según su modo de entrega predominante.
Además, ningún ensayo investigó intervenciones ni periodos de seguimiento superiores a 12 meses, lo que limita la capacidad de evaluar las reducciones de LDL-c a largo plazo y los resultados clínicos.
Por último, los pacientes con PAD (peripheral artery disease) y aquellos con enfermedad cerebrovascular estuvieron subrepresentados, lo que podría limitar la generalización de los hallazgos a la población general con ASCVD.
Los estudios futuros deberían priorizar las intervenciones de salud digital dirigidas principalmente al control de lípidos y la reducción de LDL-c como resultados primarios.
Se necesitan ensayos más amplios y a largo plazo para identificar qué características de la salud digital son más efectivas para lograr una participación sostenida y un mejor control de los lípidos.
La identificación de estos factores es esencial para optimizar el impacto a largo plazo de la salud digital, ya que podrían observarse mayores reducciones de LDL-c durante periodos de estudio prolongados.
El monitoreo remoto sigue estando poco explorado en el control de lípidos, a diferencia de su uso más establecido en afecciones como la insuficiencia cardíaca, la hipertensión, la diabetes y las arritmias.
Este enfoque podría abordar desafíos comunes en el control de lípidos, como el seguimiento subóptimo y la optimización del tratamiento.
Finalmente, la evaluación de los factores de implementación, incluyendo la viabilidad, la aceptabilidad, la adherencia, la escalabilidad y la rentabilidad, es crucial para guiar la adopción a gran escala en la práctica clínica.
En conclusión, las intervenciones de salud digital pueden ser efectivas para reducir el colesterol LDL, mejorar el logro de los objetivos terapéuticos y favorecer la adherencia al tratamiento en pacientes con enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Por lo tanto, la integración de la salud digital en la práctica clínica como parte del manejo del riesgo cardiovascular podría fortalecer las estrategias de prevención secundaria.
Las intervenciones multicomponente, que incorporan elementos de telemonitorización, administración de alta frecuencia y comunicación bidireccional, podrían ser las más efectivas para la reducción del colesterol LDL.
Se necesitan más ensayos pragmáticos a largo plazo y de alta calidad que utilicen la salud digital para el manejo de los lípidos, a fin de confirmar estos resultados y allanar el camino para la implementación y la mejora de los resultados a largo plazo.
* Schut Y, Buhler DGB, Snaterse-Zuidam M, Malekzadeh A, Somsen GA, Martens FMAC, Winter MM. Digital health interventions for lipid management in atherosclerotic cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. EClinicalMedicine. 2026 Apr 10;94:103886. doi: 10.1016/j.eclinm.2026.103886. PMID: 42011216; PMCID: PMC13091938.