En la edición correspondiente al mes de octubre de 2026 del Current Problems in Cardiology, un grupo de investigadores residentes en Canadá, incluyendo a nuestro colega Adrián Baranchuk en representación de la Facultad de Medicina de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) de Buenos Aires, Argentina, publicaron un artículo de revisión cuyo propósito fue analizar las características del ECG en la CIA y CIV, antes y después de la respectiva reparación de los defectos*.
La NOTICIA DEL DÍA de hoy comentará esta publicación.
En la introducción a su ponencia los autores plantean que entre los defectos cardíacos congénitos (DCC), los defectos del tabique ventricular (CIV) y los defectos del tabique auricular (CIA) son los más comunes.
Si bien una gran proporción de defectos septales se diagnostican en la infancia temprana, algunos pueden permanecer asintomáticos o bien tolerados en la niñez tardía, la adolescencia o incluso la edad adulta.
En muchos casos de estos defectos, el cortocircuito crónico de izquierda a derecha puede conducir a remodelación de las cavidades, hipertensión pulmonar, arritmia e insuficiencia cardíaca.
Las CIV y las CIA afectan principalmente las condiciones de carga de las cavidades cardíacas y las estructuras adyacentes al sistema de conducción cardíaca.
Por lo tanto, el electrocardiograma (ECG) proporciona un marcador útil y accesible de los efectos electrofisiológicos antes y después de las respectivas intervenciones quirúrgicas o percutáneas que se realizan para corregir los defectos.
El cierre quirúrgico y percutáneo de aquéllos influye en el ECG de dos maneras diferentes:
a) descarga y normalización de las alteraciones relacionadas con la carga cardíaca, moduladas por la implantación del dispositivo y las nuevas alteraciones del ritmo y la conducción resultantes, y
b) cierre quirúrgico con parche y/o lesiones cerca de los tejidos de conducción.
Esta revisión se centró en las características del ECG pre y postintervención de la CIA y la CIV, haciendo hincapié en cómo la fisiología del defecto y el momento del cierre influyen en los cambios eléctricos a lo largo de la historia natural de la enfermedad.
Sintetizando lo expuesto, los defectos del tabique auricular (CIA) y los defectos del tabique ventricular (CIV) representan la mayoría de las cardiopatías congénitas y pueden seguir siendo clínicamente relevantes desde la infancia hasta la edad adulta.
La ecocardiografía es el método de referencia para el diagnóstico y la evaluación anatómica detallada de estos defectos; sin embargo, el electrocardiograma (ECG) puede proporcionar información fisiopatológica y pronóstica adicional.
Esta revisión resumió los hallazgos del ECG en CIA y CIV antes y después de la reparación, con respecto a los efectos del tipo de defecto, el momento de la intervención y la evolución posoperatoria de las alteraciones eléctricas.
Con tal propósito se realizó una búsqueda bibliográfica estructurada para identificar estudios que informaran sobre anomalías del ECG o del ritmo antes y después de la reparación.
En las CIA hemodinámicamente significativas, los cambios del ECG antes de la reparación generalmente se correlacionan con una sobrecarga crónica del volumen de la cavidad derecha.
Los defectos tipo secundum se presentan con desviación del eje a la derecha y bloqueo incompleto de rama derecha.
Las CIA tipo primum se asocian principalmente con desviación del eje a la izquierda y retraso de la conducción auriculoventricular, mientras que los defectos tipo seno venoso pueden presentarse con disfunción del nódulo sinusal.
Tras el cierre, los marcadores de sobrecarga del lado derecho pueden normalizarse; sin embargo, con frecuencia se presentan arritmias auriculares persistentes y lesiones del sistema de conducción.
En la comunicación interventricular (CIV), los hallazgos preoperatorios pueden incluir un ECG normal en defectos restrictivos pequeños, hasta patrones de sobrecarga ventricular izquierda, derecha o combinada cuando se asocian con una precarga elevada del ventrículo izquierdo o una poscarga elevada del ventrículo derecho.
Después de la cirugía, el ECG tiende a reflejar la evolución de la lesión del sistema de conducción y la vulnerabilidad tardía relacionada con el ritmo, como el bloqueo de rama derecha, el bloqueo auriculoventricular, la prolongación del QTc, el ensanchamiento progresivo del intervalo PR/QRS y el bloqueo auriculoventricular completo tardío.
Se justifican estudios futuros con un seguimiento estandarizado en cuanto a la cronología y los resultados para consolidar la relevancia clínica de los hallazgos específicos del ECG.
En el defecto del tabique auricular (CIA), los cambios antes de la reparación provienen de una sobrecarga de volumen prolongada del corazón derecho.
Estos incluyen bloqueo incompleto de rama derecha (BRD) con un patrón rSR′ en V1 y V2, desviación del eje a la derecha y el signo de crochetage (consiste en una pequeña muesca o melladura cerca de la punta de la onda R en las derivaciones inferiores (II, III y aVF).
Los defectos del ostium primum tienden a mostrar desviación del eje a la izquierda con retraso de la conducción auriculoventricular (AV), y los defectos del seno venoso pueden mostrar disfunción del nodo sinusal.
Después de que se cierra el CIA, el QRS generalmente se estrecha y el eje se normaliza, aunque el patrón rSR′ puede persistir, y la disfunción del nodo sinusal, la fibrilación auricular (FA) y otras arritmias auriculares aún pueden ocurrir.
En el defecto del tabique ventricular (CIV), los hallazgos antes de la reparación dependen del tamaño del cortocircuito.
Los defectos pequeños suelen tener un ECG normal, los cortocircuitos más grandes producen sobrecarga ventricular izquierda o biventricular, y la hipertrofia ventricular derecha (HVD) aparece una vez que se desarrolla la enfermedad vascular pulmonar.
Después de la reparación de la CIV, el BCRD es el hallazgo más común, y el bloqueo AV completo es raro.
Los hallazgos posteriores incluyen prolongación del QTc y ensanchamiento gradual de PR y QRS.
El bloqueo AV completo tardío es muy infrecuente y se observa principalmente en pacientes con defectos grandes.
Al iniciar la discusión de las observaciones realizadas, los autores destacaron que en todos los subtipos de CIA, los ECG deben usarse para guiar la sospecha clínica en lugar de como una herramienta de diagnóstico independiente.
Antes de la reparación de la CIA secundum, signos como el BRD incompleto, los patrones rSR′ en V1–V2 y el signo de crochetage pueden generar sospecha de diagnóstico, especialmente cuando estos signos ocurren juntos.
Sin embargo, estas características no definen suficientemente el defecto de forma independiente, ya que estas características pueden estar presentes en individuos sanos.
De manera similar, la CIA seno venoso puede imitar ciertos patrones de CIA secundum y primum, incluida la sobrecarga de volumen del lado derecho.
Por lo tanto, la ecocardiografía y otras técnicas de imagen siguen siendo esenciales para confirmar la presencia del defecto septal, su subtipo y la importancia del cortocircuito.
Después del cierre de la CIA, los cambios en el ECG pueden reflejar remodelación eléctrica inversa, patrones de conducción persistentes o vulnerabilidad del ritmo relacionada con el procedimiento.
En la CIA tipo ostium secundum, las reducciones en la duración del QRS, el intervalo PR, el signo de crochetage y la desviación del eje hacia la derecha, sugieren que aliviar la sobrecarga de volumen del ventrículo derecho puede normalizar parcialmente la presentación del ECG con el tiempo.
Sin embargo, no todas las presentaciones preoperatorias se resuelven juntas.
La desaparición del signo de crochetage a pesar del bloqueo de rama derecha incompleto persistente sugiere que algunos hallazgos pueden estar más estrechamente relacionados con la fisiología del cortocircuito activo, mientras que otros pueden reflejar cambios estructurales o de conducción más antiguos en el sistema cardiovascular.
Aunque estas anomalías persistentes del ECG no son necesariamente signos de cierre fallido, aún deben interpretarse a la luz de los síntomas, el momento de la reparación y las lesiones residuales después de la reparación.
Ciertas manifestaciones postoperatorias tienen mayor relevancia clínica y requieren un seguimiento estricto o una intervención específica, especialmente cuando la reparación del defecto se realiza a una edad avanzada.
Por ejemplo, la disfunción del nódulo sinusal, frecuentemente asociada con las CIA del seno venoso, puede requerir en última instancia la implantación de un marcapasos permanente, mientras que la incidencia de fibrilación auricular postoperatoria aumenta con la edad al momento de la reparación.
Además, las taquiarritmias auriculares siguen siendo una preocupación importante, y su riesgo se ve exacerbado por la intervención quirúrgica tardía, una mayor carga de cortocircuito, hipertensión pulmonar concomitante o comorbilidades cardiovasculares subyacentes.
En consecuencia, es imperativo un seguimiento longitudinal riguroso para asegurar la detección temprana de estos sustratos arritmogénicos, mitigando así las secuelas estructurales y del sistema de conducción a largo plazo.
Los patrones electrocardiográficos previos a la reparación en pacientes con comunicación interventricular (CIV) varían sustancialmente según el tamaño del cortocircuito y la resistencia vascular pulmonar.
Los cortocircuitos restrictivos pequeños suelen presentar un electrocardiograma basal normal, mientras que los cortocircuitos grandes no restrictivos suelen presentar sobrecarga de volumen ventricular izquierda o biventricular.
Simultáneamente, la aparición de enfermedad vascular pulmonar modifica la morfología del electrocardiograma hacia un patrón indicativo de sobrecarga de presión ventricular derecha.
Tras la reparación de la comunicación interventricular (CIV), las manifestaciones electrocardiográficas (ECG) están determinadas principalmente por la anatomía quirúrgica y la vulnerabilidad del sistema de conducción.
El patrón más común es el bloqueo de rama derecha (BRD) debido a que la rama derecha del haz se encuentra cerca del área de reparación septal.
Las tasas más bajas de BRD con una técnica de sutura a la misma profundidad sugieren que el abordaje influye en este resultado electrocardiográfico.
El bloqueo auriculoventricular completo es menos frecuente, pero de mayor preocupación, ya que requiere estimulación cardíaca permanente.
Por esta razón, es útil establecer la distinción diagnóstica en este sentido en el contexto del seguimiento a largo plazo.
Si bien el BRD persistente después de la reparación es frecuente, la importancia de la prolongación progresiva del intervalo PR/QRS, el bloqueo auriculoventricular posoperatorio temprano, las palpitaciones o la reducción de la tolerancia al ejercicio se destaca en el reconocimiento del ritmo posterior.
El seguimiento a largo plazo tras el cierre de una comunicación interventricular (CIV) subraya que una reparación estructural exitosa no puede equipararse a una curación eléctrica previa.
En consonancia con este paradigma, las guías de 2025 de la ACC/AHA/HRS/ISACHD/SCAI para cardiopatías congénitas en adultos refuerzan la necesidad de una vigilancia del ritmo cardíaco individualizada, basada en la anatomía y la fisiología.
En concreto, el algoritmo de seguimiento de la ACC confirma que las CIV no musculares requieren vigilancia de por vida, mientras que las pequeñas CIV musculares no complicadas son menos exigentes en este sentido.
Para los defectos del tabique auricular y ventricular, las alteraciones del ECG ofrecen la mayor utilidad clínica cuando se contextualizan según la cronología, la anatomía específica de la lesión y el tipo de reparación quirúrgica o percutánea.
Antes de la reparación, la mayoría de los cambios en el ECG reflejarán la fisiología del cortocircuito y la consiguiente dilatación de la cavidad.
Antes de la intervención, las anomalías del ECG reflejan predominantemente la sobrecarga de volumen o presión mediada por el cortocircuito y la posterior dilatación de la cavidad.
Por el contrario, los cambios en el ECG posoperatorios sirven como indicador de remodelación inversa, lesión del sistema de conducción o un sustrato persistente para arritmias.
Las guías de consenso actuales para la cardiopatía congénita en adultos recomiendan evaluaciones longitudinales del ritmo basadas en una matriz integral de la anatomía de la lesión, la sintomatología actual, los defectos residuales y las intervenciones previas.
Para avanzar en este campo, las investigaciones futuras deberían implementar análisis estandarizados y multitemporales de los ECG pre y postoperatorios, integrados con imágenes avanzadas, monitorización ambulatoria del ritmo, pruebas de esfuerzo cardiopulmonar y resultados clínicos.
Dicha evaluación sistemática permitirá, en última instancia, diferenciar las variaciones postoperatorias benignas y esperables del ECG de los cambios patológicos que requieren una vigilancia clínica intensificada.
Esta revisión presenta varias limitaciones, según admitieron los propios investigadores.
En primer lugar, la evidencia disponible en la literatura es heterogénea en cuanto al diseño y la calidad de los estudios.
Además, muchos de los hallazgos significativos provienen de cohortes retrospectivas y series de casos más pequeñas, y algunas conclusiones se derivan de estudios fundamentales más antiguos.
Esta variabilidad limita la comparación directa entre estudios y reduce la solidez de la inferencia causal y la generalización entre poblaciones de pacientes.
Asimismo, existe una variabilidad sustancial en las características de los pacientes.
Esto incluye la gravedad del defecto, la edad al momento de la intervención y el enfoque del procedimiento, ya que las cohortes quirúrgicas más antiguas a menudo se comparan con técnicas transcatéter contemporáneas o técnicas quirúrgicas refinadas.
Estas diferencias complican la interpretación de si los hallazgos del ECG reflejan realmente la fisiología de la enfermedad o si los efectos del procedimiento y las estrategias de manejo también pueden contribuir de manera significativa.
Otra limitación es la inconsistencia en la vinculación de los hallazgos del ECG con los resultados clínicos en algunos estudios, en los que las manifestaciones del ECG, como el bloqueo de rama o la elongación del intervalo PR, no se vinculan de manera consistente con los síntomas y los resultados cardiovasculares a largo plazo.
Finalmente, variables de confusión como el cortocircuito residual, la edad en el momento de la intervención, la hipertensión pulmonar y las anomalías congénitas asociadas pueden influir de forma independiente en los resultados del ECG postoperatorio.
Como conclusión, los autores finalizan diciendo que los hallazgos electrocardiográficos en la comunicación interauricular (CIA) y la comunicación interventricular (CIV) difieren significativamente según la etapa de la enfermedad, pasando de marcadores hemodinámicos preoperatorios a marcadores postoperatorios de modificación estructural.
Antes de la intervención, las anomalías electrocardiográficas reflejan principalmente la carga de volumen o presión ejercida por el cortocircuito y la consiguiente adaptación de la vasculatura pulmonar.
Sin embargo, tras la reparación quirúrgica o percutánea, los hallazgos se correlacionan directamente con las secuelas del procedimiento, como la remodelación eléctrica inversa, la lesión del tejido de conducción y el sustrato para taquiarritmias por reentrada.
En el caso de la CIA, la utilidad clínica del electrocardiograma se centra en su capacidad para capturar la carga de la cavidad derecha y la remodelación auricular, facilitando así la vigilancia del ritmo dirigida en pacientes con alto riesgo de deterioro clínico, específicamente aquellos propensos a la disfunción del nodo sinusal tras la reparación del seno venoso, defectos de conducción residuales o arritmias auriculares persistentes secundarias al cierre tardío.
Por el contrario, la prioridad diagnóstica en el manejo de la comunicación interventricular (CIV) es diferenciar los patrones fisiológicos nativos de las anomalías posteriores a la reparación, con especial atención al bloqueo de rama derecha (BRD), los retrasos inespecíficos de la conducción interventricular, el bloqueo auriculoventricular (BAV) y la prolongación progresiva de los intervalos PR o QRS.
En ambas lesiones, las evaluaciones electrocardiográficas longitudinales periódicas ofrecen un mecanismo de cribado accesible y provechoso para identificar a los pacientes que requieren una vigilancia intensificada.
Sin embargo, la electrocardiografía nunca debe sustituir a la ecocardiografía transtorácica.
Al tomar decisiones clínicas, estas dos modalidades deben utilizarse conjuntamente para formular una estrategia de manejo integral que integre simultáneamente la anatomía del defecto, el momento quirúrgico óptimo, las indicaciones hemodinámicas, la sintomatología actual y el historial de ritmo longitudinal.
Palabras clave Arritmia; defecto del tabique auricular; bloqueo auriculoventricular; Anomalías en la conducción cardíaca; cardiopatía congénita; Electrocardiografía; Vigilancia del ritmo; Bloqueo de rama del haz derecho; Reparación de defectos septales; Defecto del tabique ventricular
* Hasheminia A, Veitch A, Gupta K, Kaminska M, Nguyen DL, Baranchuk A, Garagiola ML. The electrocardiogram manifestations of atrial and ventricular septal defects before and after repair. Curr Probl Cardiol. 2026 Oct;51(10):103406. doi: 10.1016/j.cpcardiol.2026.103406. Epub 2026 Jul 20. PMID: 42476432.