Investigadores griegos realizaron una revisión de la literatura publicada con el propósito de analizar el rol de la desnutrición, la caquexia y la sarcopenia como factores de susceptibilidad a complicaciones cardiovasculares en pacientes con cáncer y publicaron sus hallazgos y conclusiones en la edición del 13 de febrero de 2026 de Frontiers in Pharmacology*.
Esta publicación será hoy comentada en la NOTICIA DEL DÍA.
En la introducción del artículo, los autores señalaron que el cáncer es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial, con una incidencia que aumenta continuamente en la mayoría de los países cada año.
Los avances en la detección de enfermedades, el diagnóstico precoz y el tratamiento han dado lugar a mayores tasas de supervivencia, y muchos pacientes con cáncer superan los 5 o incluso los 10 años.
Sin embargo, muchos sobrevivientes posteriormente experimentan comorbilidades y efectos tardíos que pueden amenazar la longevidad o deteriorar significativamente la calidad de vida.
Las complicaciones cardiovasculares son comunes entre los pacientes con neoplasias malignas.
El cáncer aumenta el riesgo de un amplio espectro de enfermedades cardiovasculares a través de efectos directos, factores de riesgo compartidos y la cardiotoxicidad de las terapias contra el cáncer.
Las complicaciones cardiovasculares relacionadas con el cáncer pueden reducir la esperanza de vida, disminuir la calidad de vida a través de limitaciones funcionales adicionales, síntomas y polifarmacia, y aumentar sustancialmente los costos de atención médica tanto para los pacientes como para los sistemas de salud.
En algunos casos, incluso pueden conducir a una muerte prematura, y algunos pacientes mueren por un evento cardiovascular en lugar del cáncer en sí.
El estado nutricional y la composición corporal, especialmente la masa muscular, se han identificado como predictores significativos de la supervivencia y otros resultados en el cáncer.
Muchos estudios han demostrado que la desnutrición y la sarcopenia son malos predictores de la supervivencia, la progresión de la enfermedad y la respuesta al tratamiento de los pacientes.
Ambas condiciones pueden ocurrir por el propio cáncer, especialmente en neoplasias malignas ubicadas en el tracto gastrointestinal, ya que afectan el apetito, la absorción y la capacidad de ingesta de alimentos.
Sin embargo, también son comunes en otros tipos de cáncer, incluidos los tumores sólidos y hematológicos.
La terapia contra el cáncer, especialmente la terapia sistémica, a menudo provoca síntomas como pérdida de apetito, vómitos, diarrea y malabsorción, que pueden afectar aún más el estado nutricional y la masa muscular.
Evidencias emergentes indican que la presencia de desnutrición, caquexia o sarcopenia se asocia con un mayor riesgo de toxicidad relacionada con el tratamiento del cáncer.
Por lo tanto, esta revisión buscó discutir la limitada evidencia sobre la desnutrición y la sarcopenia como factores de susceptibilidad a las complicaciones cardiovasculares y la cardiotoxicidad del tratamiento en pacientes con cáncer.
Acerca de la carga cardiovascular del cáncer, los autores indicaron que el cáncer no solo afecta al órgano en el que se encuentra principalmente, sino que también tiene un impacto en muchos otros órganos y sistemas, a menudo llamados síndromes paraneoplásicos, incluido el corazón.
Puede conducir a cambios metabólicos locales y sistémicos, inflamación, estrés oxidativo y alteraciones inmunológicas, todo lo cual puede afectar al sistema cardiovascular.
Las moléculas inflamatorias y proinflamatorias, especialmente las citocinas, están elevadas en muchos tipos de cáncer, lo que crea un entorno inflamatorio.
Las citocinas como el factor de necrosis tumoral-a (TNF-a) y las interleucinas (IL-6, IL-1β) son producidas por células tumorales, pero también por otras células como respuesta al cáncer, lo que conduce a una inflamación sistémica.
La circulación de estas citocinas afecta al sistema cardiovascular a través de varias vías, ya que promueven la aterogénesis, la disfunción endotelial y la trombosis.
También existe evidencia que respalda su participación en la apoptosis de cardiomiocitos y en la aparición de arritmias cardíacas.
Las células tumorales también pueden producir cantidades anormales de una proteína llamada factor tisular, que es responsable del inicio de la coagulación sanguínea, al unirse al factor VIIa y crear un complejo que desencadena la cascada de coagulación.
Este mecanismo se ha considerado responsable de la trombosis asociada al cáncer.
Por otro lado, el estrés oxidativo es otro grupo de vías que interrelacionan el cáncer con las complicaciones cardiovasculares.
Por ejemplo, las especies reactivas de oxígeno (ROS), que también se producen en exceso en el cáncer, están involucradas en varios procesos, incluida la apoptosis, y son un contribuyente importante a la carga cardiovascular a través de la lesión de los cardiomiocitos.
El estrés oxidativo también se considera un mecanismo importante de cardiotoxicidad relacionada con el tratamiento, especialmente en terapias basadas en antraciclinas.
El cáncer y las enfermedades cardiovasculares comparten factores de riesgo superpuestos (p. ej., edad, diabetes, obesidad, tabaquismo) y mecanismos fisiopatológicos comunes que amplifican aún más el riesgo cardiovascular.
Por lo tanto, los sobrevivientes de cáncer continúan enfrentando una probabilidad sustancialmente mayor de tromboembolismo venoso, insuficiencia cardíaca o miocardiopatía, arritmias, pericarditis, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y enfermedad cardíaca valvular en comparación con la población general.
Estos riesgos alcanzan su punto máximo durante el primer año después de un diagnóstico de cáncer, pero permanecen elevados durante muchos años, con una variación notable en magnitud y patrón entre los tipos de cáncer.
Los cánceres hematológicos, de pulmón, riñón y ovario, en particular, tienen los mayores riesgos de insuficiencia cardíaca y eventos tromboembólicos.
La carga de enfermedad cardiovascular entre personas con cáncer varía sustancialmente entre estudios, lo que refleja diferencias en el sitio y estadio del cáncer, la distribución por edad y si los análisis capturan la enfermedad cardiovascular preexistente versus la incidente.
En un análisis transversal de la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición (NHANES 2015-2020) que incluyó a 1729 adultos con antecedentes de cáncer, la prevalencia ponderada de ECV fue del 21,2 %.
Además, datos prospectivos de la cohorte ARIC (por sus siglas en inglés de Atherosclerosis Risk in Communities, -riesgo de aterosclerosis en comunidades-), la supervivencia al cáncer se ha relacionado con una carga posterior sustancialmente mayor de enfermedad cardiovascular incidente.
Entre 12 414 participantes (edad media de 54 años; 55 % mujeres; 25 % negros), 3250 individuos desarrollaron cáncer durante una mediana de 13,6 años de seguimiento.
Las tasas de incidencia de enfermedad cardiovascular ajustadas por edad fueron más altas en los sobrevivientes de cáncer que en aquellos sin cáncer; 23,1 frente a 12,0 por 1000 personas-año.
Cabe destacar que las asociaciones difirieron según el tipo de cáncer: los cánceres de mama, pulmón, colorrectal y hematológico o linfático mostraron vínculos significativos con el riesgo de enfermedad cardiovascular, a diferencia del cáncer de próstata.
En un amplio estudio de cohorte retrospectivo poblacional de 4.519.243 adultos con una mediana de seguimiento de 11,8 años, se observó que el cáncer se asociaba de forma independiente con un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y embolia pulmonar.
Este estudio también mostró que el riesgo cardiovascular era mayor en pacientes con neoplasias malignas genitourinarias, gastrointestinales, torácicas, del sistema nervioso y hematológicas, lo que subraya la necesidad de una atención cardiooncológica coordinada en todos los tipos de cáncer.
La cardiotoxicidad está relacionada con el tratamiento del cáncer.
Las terapias contra el cáncer, incluyendo quimioterapia, agentes dirigidos, radioterapia e inmunoterapia, han avanzado notablemente en las últimas décadas, transformando los resultados clínicos.
Sin embargo, junto con estos avances terapéuticos, la carga cardiovascular de estas terapias constituye una preocupación clínica importante, también llamada toxicidad cardiovascular relacionada con la terapia contra el cáncer.
Estas toxicidades pueden presentarse de forma aguda durante el tratamiento o surgir como complicaciones tardías, a veces manifestándose años después de que se haya completado la terapia.
Clínicamente, tienen una amplia gama de condiciones, como insuficiencia cardíaca, miocardiopatía, arritmias, hipertensión, miocarditis, enfermedad pericárdica, enfermedad coronaria, disfunción valvular y embolia.
Las antraciclinas como la doxorrubicina y la daunorrubicina se encuentran entre los agentes mejor establecidos vinculados a la cardiotoxicidad, conllevando un riesgo de insuficiencia cardíaca dependiente de la dosis debido a una lesión miocárdica directa.
Los agentes dirigidos al receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano (HER2), como el trastuzumab, son esenciales en el tratamiento del cáncer de mama, pero pueden causar insuficiencia cardíaca típicamente reversible, particularmente cuando se administran con antraciclinas.
A diferencia de la cardiotoxicidad inducida por antraciclinas, que es característicamente dependiente de la dosis y a menudo irreversible, la insuficiencia cardíaca relacionada con trastuzumab generalmente mejora después de la interrupción del tratamiento y el inicio de la terapia dirigida para la insuficiencia cardíaca.
En una revisión sistemática y metaanálisis de Guenancia et al. (2016) se encontró que la obesidad fue un factor de riesgo significativo para desarrollar cardiotoxicidad en pacientes con cáncer de mama que recibieron antraciclinas, con o sin trastuzumab.
Los agentes alquilantes como la ciclofosfamida también pueden provocar cardiotoxicidad, que suele presentarse de forma aguda entre 1 y 10 días después de la administración de dosis altas.
Otros fármacos anticancerígenos comunes con evidencia de un posible efecto cardiotóxico incluyen carfilzomib, inhibidores de la tirosina quinasa (TKI), inhibidores de puntos de control inmunitario (ICI) y algunos anticuerpos monoclonales, entre otros.
Además de la quimioterapia, la radioterapia dirigida a la región torácica también puede inducir cardiotoxicidad a largo plazo mediante lesión directa a prácticamente todas las estructuras cardíacas, incluyendo el pericardio, el miocardio, las arterias coronarias, las válvulas y el sistema de conducción.
La cardiopatía inducida por radiación suele ser insidiosa, con manifestaciones clínicas que aparecen años o décadas después de la exposición.
A medida que la supervivencia al cáncer continúa aumentando y los pacientes viven más tiempo, el reconocimiento temprano, la vigilancia sistemática y el manejo proactivo de la cardiotoxicidad se han convertido en componentes esenciales de la atención oncológica moderna.
El momento óptimo para iniciar la prevención cardiovascular en pacientes con cáncer es en el momento del diagnóstico y antes del inicio de la terapia oncológica.
Este enfoque permite al equipo de oncología considerar el riesgo cardiovascular al seleccionar los regímenes de tratamiento, educar a los pacientes sobre su perfil de riesgo individualizado, adaptar las estrategias de vigilancia y seguimiento, y derivar a las personas de alto riesgo a servicios de cardiooncología cuando corresponda.
La caquexia, la sarcopenia y rl desgaste cardíaco están presentes en el cáncer.
Aunque la caquexia por cáncer y la sarcopenia se consideran dos afecciones distintas, en este contexto se examinan juntas en la base común del desgaste muscular, debido a la evidencia limitada.
El cáncer puede provocar caquexia tanto muscular como cardíaca, dos afecciones caracterizadas por el desgaste muscular y del músculo cardíaco, y en algunos casos incluso atrofia.
Sin embargo, la caquexia por cáncer se expande más allá de la pérdida de peso y músculo y muchos grupos científicos la consideran un síndrome en el que la pérdida muscular se acompaña de inflamación, anorexia y otros trastornos metabólicos.
Por otro lado, la sarcopenia es similar a la dimensión de la pérdida muscular en la caquexia por cáncer, pero también está relacionada con la pérdida funcional, como la pérdida de fuerza muscular.
Aunque ambas afecciones presentan una superposición con respecto a sus características fenotípicas, la caquexia es más relevante para la progresión de la enfermedad, mientras que la sarcopenia es más prevalente entre los pacientes de cáncer de mayor edad.
Ambas afecciones son comunes en el cáncer.
Un amplio metaanálisis con datos de 81.814 pacientes con cáncer mostró que la prevalencia de sarcopenia en una muestra de tumores sólidos mixtos fue del 35%, con una prevalencia más alta (>50%) entre pacientes con cáncer de esófago, urotelial, próstata y otros cánceres.
La prevalencia de la caquexia por cáncer también puede diferir entre diferentes poblaciones de cáncer, donde se ha informado una frecuencia de más del 50% entre los adultos mayores.
Sin embargo, la caquexia por cáncer también puede existir incluso sin sarcopenia.
Un amplio estudio prospectivo realizado entre 1215 pacientes con cáncer gástrico mostró que la caquexia por cáncer se presentó en el 27% de los pacientes, mientras que la sarcopenia se presentó en el 20%.
Este estudio también mostró diferentes valores pronósticos entre estas dos afecciones: la sarcopenia fue más significativa en pacientes mayores en etapa temprana, y la caquexia, más significativa en etapas avanzadas de la enfermedad.
A pesar de sus diferentes características clínicas, la base común de atrofia y desgaste muscular de ambas afecciones se relaciona con consecuencias cardíacas.
Se han encontrado atrofia y desgaste cardíaco relacionados con el cáncer tanto en modelos animales como en humanos, incluyendo evidencia de autopsia en pacientes con cáncer.
El desgaste cardíaco, aunque impulsado por la enfermedad, también se ha encontrado relacionado con la pérdida de peso en estos pacientes.
Existe evidencia de que la remodelación y el desgaste cardíaco en el cáncer, ocurren incluso sin caquexia.
Sin embargo, la coexistencia de caquexia parece intensificar este fenómeno.
A nivel molecular, se han propuesto varios mecanismos para la caquexia por cáncer y la pérdida de masa muscular, que también podrían vincular la asociación entre la sarcopenia y/o la caquexia con el desgaste cardíaco en el cáncer.
La inflamación sistémica crónica, a menudo observada en el cáncer, se caracteriza por la liberación de moléculas potencialmente caquécticas, como la leptina, el TNF-a y otras citocinas.
Estas moléculas pueden afectar la actividad cerebral y promover la reducción del apetito y los cambios hormonales vinculados al catabolismo muscular.
Además, la disfunción vascular, a través del eje activina A–PGC1α, también se ha sugerido como otro posible mecanismo de la caquexia por cáncer.
Bas et al. (2023) encontraron una asociación entre la sarcopenia y la cardiotoxicidad por antraciclinas, y los pacientes con sarcopenia tenían más de 3 veces el riesgo de desarrollar cardiotoxicidad.
En este estudio, la sarcopenia se evaluó mediante tomografías computarizadas.
Sin embargo, una limitación del estudio es que la sarcopenia se evaluó utilizando diferentes índices entre los pacientes.
Específicamente, se utilizó el índice de músculo esquelético o el índice de músculo psoas.
En otro estudio de una población mixta de pacientes con cáncer, se encontró que el índice de masa muscular pectoral era un predictor significativo de cardiotoxicidad relacionada con antraciclinas, donde los pacientes con valores más altos de este índice tenían un menor riesgo de eventos cardíacos adversos mayores.
El estudio también abordó el aspecto de la desnutrición y las complicaciones cardiovasculares en el cáncer
La desnutrición es un estado de ingesta reducida de alimentos que puede provocar pérdida de peso corporal y masa muscular.
Según los criterios de la Iniciativa de Liderazgo Global sobre Malnutrición (GLIM), la desnutrición se define por una prueba de detección de desnutrición positiva y al menos un criterio fenotípico (pérdida de peso involuntaria, bajo índice de masa corporal o reducción de la masa muscular) y un criterio etiológico (reducción de la ingesta de alimentos o carga inflamatoria/patológica).
Aunque la desnutrición suele ir acompañada de sarcopenia, es posible que la baja masa muscular no esté presente en sus etapas iniciales, pero aun así predispone a los pacientes a peores resultados.
Hay muchos datos que indican que los pacientes desnutridos con cáncer tienen un mayor riesgo de mortalidad, progresión de la enfermedad, eventos adversos y toxicidades limitantes de la dosis.
En un estudio prospectivo en el que se utilizaron los criterios GLIM para la desnutrición, se demostró que los pacientes desnutridos con cáncer tenían un mayor riesgo de toxicidades del tratamiento del cáncer; sin embargo, en este estudio no se examinaron las toxicidades cardiovasculares.
Como se informó para la sarcopenia y la caquexia, también se ha informado de inflamación sistémica en la desnutrición, lo que vincula la base fisiopatológica de un entorno cardiotóxico.
La carga cardíaca de la desnutrición también está respaldada por evidencia en pacientes no oncológicos.
Por ejemplo, se encontraron niveles más altos del péptido natriurético cerebral N-terminal en pacientes desnutridos con hipertensión pulmonar idiopática.
Los estudios sobre el papel de la desnutrición, la caquexia y la sarcopenia en las complicaciones cardiovasculares y la cardiotoxicidad en el cáncer son escasos, y los estudios disponibles se presentan con una alta heterogeneidad en varios puntos metodológicos clave.
A pesar de la necesidad de más estudios sobre este tema, es necesario contar con estudios que utilicen criterios ampliamente aceptados para cada condición.
Después de la publicación de los criterios GLIM para la desnutrición, la mayoría de los estudios cumplen con el uso de estos criterios para definir la desnutrición, y esto también debería incorporarse en los estudios que examinan la relación entre la desnutrición y la cardiotoxicidad relacionada con el cáncer.
El uso de los términos sarcopenia y caquexia también es inconsistente en la literatura.
Los estudios que hacen referencia a la sarcopenia pueden en realidad referirse a la caquexia, ya que esta última es más específica de la enfermedad en pacientes con cáncer.
Sin embargo, esta confusión es razonable, ya que la sarcopenia puede existir sin caquexia, mientras que la caquexia rara vez existe sin sarcopenia y en pacientes con cáncer, a menudo están presentes características distintas a la baja masa muscular.
Otro problema metodológico observado en la literatura actual es la marcada heterogeneidad en las definiciones utilizadas para las complicaciones cardiovasculares relacionadas con el cáncer.
Diversos estudios emplean diferentes criterios diagnósticos, plazos y parámetros clínicos, lo que genera clasificaciones inconsistentes y dificulta la comparación directa entre los hallazgos.
Esta variabilidad complica la interpretación de los resultados y pone de relieve la necesidad de definiciones estandarizadas para mejorar la fiabilidad y la reproducibilidad de la investigación en este campo.
Además, la variación en las metodologías utilizadas para el diagnóstico de la sarcopenia representa un desafío significativo tanto en el contexto clínico como en el de investigación.
Por ejemplo, algunos estudios emplean la tomografía computarizada (TC) para cuantificar la masa muscular, midiendo frecuentemente parámetros como el índice de músculo esquelético o el índice del músculo psoas, mientras que otros pueden basarse en el índice de masa muscular pectoral o en modalidades radiológicas alternativas.
La ausencia de un enfoque diagnóstico unificado puede generar discrepancias considerables en la identificación de la sarcopenia entre cohortes, lo que dificulta la comparación directa de los hallazgos entre estudios.
Asimismo, la adopción de sitios de medición, umbrales de corte y criterios de definición divergentes contribuye a la variabilidad en la prevalencia reportada y las asociaciones clínicas observadas de la sarcopenia entre personas con cáncer.
Esta marcada heterogeneidad en los criterios diagnósticos y las herramientas de evaluación subraya la necesidad crucial de consenso y estandarización, lo que permitiría una evaluación más precisa de la relación entre la sarcopenia y las complicaciones cardiovasculares, así como los resultados del tratamiento, en poblaciones oncológicas.
Es de gran importancia explorar si el manejo de la desnutrición y la sarcopenia o caquexia puede reducir la carga cardiovascular entre los pacientes con cáncer, especialmente aquellos bajo tratamientos cardiotóxicos.
Dada la rápida expansión de la población de sobrevivientes de cáncer a largo plazo y el creciente reconocimiento de la morbilidad cardiovascular como un determinante principal de los resultados, existe una necesidad urgente de ir más allá de los estudios de asociación y definir vías de atención preventivas y escalables.
En esta dirección, también es importante examinar los posibles tratamientos para la desnutrición y la sarcopenia.
En un estudio preclínico reciente de Quagliariello et al. (2024) se encontró que vericiguat, un nuevo activador de la guanilato ciclasa utilizado para la insuficiencia cardíaca, puede ejercer efectos cardioprotectores y antisarcopénicos.
Los estudios en esta dirección pueden abrir una nueva era en el manejo tanto de la sarcopenia o caquexia como de la cardiotoxicidad relacionada con el tratamiento del cáncer, junto con las intervenciones nutricionales.
Si bien existe literatura adecuada sobre la efectividad de las intervenciones nutricionales y farmacéuticas sobre la desnutrición y la sarcopenia o caquexia en pacientes con cáncer, es importante examinar si dichas intervenciones también se traducen en beneficios cardioprotectores.
Las prioridades para futuras investigaciones incluyen cohortes prospectivas de cardiooncología específicas para cada terapia, que incluyan a pacientes al momento del diagnóstico o antes del inicio del tratamiento y apliquen definiciones estandarizadas de desnutrición y sarcopenia/caquexia (incluyendo mediciones objetivas de la composición corporal), junto con la fenotipificación cardiovascular sistemática.
Dichos estudios deben capturar resultados cardiovasculares adjudicados, como insuficiencia cardíaca, arritmias, tromboembolia, accidente cerebrovascular y mortalidad cardiovascular, e incorporar biomarcadores e imágenes para esclarecer los vínculos mecanísticos entre el desgaste muscular, la inflamación y la vulnerabilidad cardíaca.
También se necesitan ensayos intervencionistas para evaluar estrategias multimodales, apoyo nutricional, ejercicio terapéutico y enfoques farmacológicos seleccionados en poblaciones de alto riesgo, con los resultados cardiovasculares como criterios de valoración primarios o secundarios.
Si bien se han emitido programas y guías cardiovasculares para el seguimiento y el tratamiento de personas con complicaciones cardiovasculares, su implementación en poblaciones afectadas por la desnutrición sigue siendo particularmente importante, dado que la desnutrición puede ser asintomática.
* Papasotiriou I, Tentolouris A, Ntanasis-Stathopoulos I and Liontos M (2026) Malnutrition, cachexia and sarcopenia as susceptibility factors for cardiovascular complications in patients with cancer. Front. Pharmacol. 17:1762196. doi: 10.3389/fphar.2026.1762196