13.06.2026

Importancia clínica del índice de proteína C reactiva-triglicéridos y glucosa en enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, síndrome cardiorrenal-metabólico, cáncer, diabetes y osteoporosis

Investigadores pertenecientes al Departamento de Cardiología del Primer Hospital Afiliado de la Universidad de Ningbo, de la Provincia de Zhejiang, República Popular China realizaron una revisión narrativa de la literatura con el propósito de evaluar la importancia clínica del índice de proteína C reactiva-triglicéridos y glucosa en distintas situaciones clínicas entre las cuales incluyeron a las enfermedades cardiovasculares y la publicaron en la edición del 5 de junio de 2026 de The International Journal of General Medicine*.

La NOTICIA DEL DÍA de hoy tomará este texto para incorporarlo a su columna.

En la introducción al desarrollo de su tesis, los autores indicaron que con el envejecimiento acelerado de la población mundial, la incidencia y la  mortalidad por enfermedades crónicas siguen aumentando, lo que supone una carga sustancial para los sistemas de salud pública en todo el mundo. 

Las enfermedades cardiovasculares (ECV), los accidentes cerebrovasculares, la enfermedad renal crónica (ERC), el cáncer y la diabetes mellitus siguen figurando entre las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial.

Aunque estas afecciones difieren en su presentación clínica y afectación orgánica, muchas comparten dos procesos fisiopatológicos interrelacionados: la resistencia a la insulina (RI) y la inflamación crónica de bajo grado.

El índice triglicérido-glucosa (TyG) se ha utilizado ampliamente como un marcador sustituto práctico de la resistencia a la insulina (RI) porque se deriva de los triglicéridos (TG) y la glucosa plasmática en ayunas (GPA) medidos de forma rutinaria. 

Paralelamente, la proteína C reactiva (PCR) es un marcador clínico bien establecido de inflamación sistémica.

Sin embargo, la disfunción metabólica y la inflamación rara vez operan de forma aislada. 

La hiperglucemia, la dislipidemia, la disfunción del tejido adiposo, el estrés oxidativo y la activación de citocinas inflamatorias pueden reforzarse mutuamente, produciendo un ciclo inflamatorio-metabólico que se autoperpetúa.

Por lo tanto, un solo biomarcador puede no capturar adecuadamente la carga biológica combinada que impulsa la progresión de la enfermedad crónica.

En este contexto, Ruan et al. propusieron en 2022 el índice de proteína C reactiva-triglicéridos-glucosa (CTI) como un indicador compuesto que integra la PCR con el producto TG-FPG relacionado con TyG. 

El CTI se calcula como: CTI = 0,412 x ln[PCR (mg/L)] + ln[TG (mg/dL) x FPG (mg/dL)/2].

En teoría, esta fórmula combina información sobre inflamación sistémica, metabolismo lipídico y metabolismo de la glucosa en un único índice logarítmico.

A pesar del rápido crecimiento de los estudios relacionados con el CTI, la evidencia actual sigue fragmentada. 

La mayoría de los estudios son observacionales, específicos de la enfermedad y heterogéneos en cuanto a la población estudiada, la definición del resultado, el ajuste de covariables y los valores de corte propuestos. 

Algunos hallazgos también parecen diferir según el estado glucometabólico; por ejemplo, el CTI puede mostrar un mayor valor predictivo en individuos no diabéticos o prediabéticos que en aquellos con diabetes establecida, donde los factores de riesgo vasculares y metabólicos concurrentes pueden enmascarar su contribución independiente. 

Además, pocos estudios han evaluado la exposición dinámica o acumulativa al CTI, y ningún ensayo aleatorizado ha establecido el CTI como un objetivo terapéutico modificable. 

Estas incertidumbres limitan la traslación clínica directa.

Por lo tanto, esta revisión narrativa tiene como objetivo resumir y evaluar críticamente la evidencia actual sobre CTI en enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, síndrome cardiovascular-renal-metabólico, cáncer, diabetes y osteoporosis; aclarar la justificación mecanicista que vincula la inflamación y la disfunción metabólica; comparar hallazgos consistentes e inconsistentes en diferentes áreas de enfermedades; e identificar limitaciones prácticas y futuras prioridades de investigación para la aplicación clínica.

Reiterando lo dicho de manera sintética, vale consignar que esta revisión narrativa tuvo como objetivo resumir y evaluar críticamente la evidencia actual sobre la importancia clínica del CTI en la enfermedad cardiovascular, el accidente cerebrovascular, el síndrome cardiovascular-renal-metabólico, el cáncer, la diabetes y la osteoporosis.

A tales efectos, se realizaron búsquedas en las bases de datos PubMed y Web of Science desde enero de 2022, cuando se propuso por primera vez el CTI, hasta enero de 2026. 

Los términos de búsqueda combinaron “índice de glucosa de triglicéridos de proteína C reactiva”, “CTI”, “CRP-TyG”, “resistencia a la insulina”, “inflamación” y términos específicos de enfermedades, incluyendo enfermedad cardiovascular, cardiopatía coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, síndrome cardiovascular-renal-metabólico, cáncer, diabetes y osteoporosis. 

Los estudios elegibles informaron asociaciones clínicas específicas del CTI, rendimiento pronóstico o evidencia mecanicista relevante. 

Dado que se trató de una revisión narrativa, no se realizó un metaanálisis.

En cuanto a los resultados destacaron que la evidencia actual está dominada por estudios observacionales. 

Un CTI elevado se asocia consistentemente con un mayor riesgo cardiometabólico y peores resultados en enfermedad cardiovascular, cardiopatía coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, síndrome cardiovascular-renal-metabólico, cáncer y diabetes. 

Los datos emergentes también sugieren una posible relación entre un CTI elevado y una menor densidad mineral ósea u osteoporosis, particularmente entre pacientes con diabetes mellitus tipo 2. 

Sin embargo, las asociaciones reportadas difieren según el estado glucometabólico, la etapa de la enfermedad, el sexo, la edad y el diseño del estudio, y aún no se dispone de umbrales estandarizados para el CTI.

Al someter a discusión las observaciones realizadas, los autores destacaron que esta revisión demuestra que el CTI es un biomarcador biológicamente plausible y clínicamente accesible que refleja la desregulación inflamatoria-metabólica en una amplia gama de enfermedades crónicas. 

La evidencia disponible respalda de manera consistente las asociaciones entre un CTI elevado y resultados cardiovasculares adversos, riesgo de accidente cerebrovascular, eventos relacionados con el síndrome cardiovascular, renal y metabólico, pronóstico del cáncer, diabetes mellitus incidente y osteoporosis. 

Estos hallazgos apoyan la idea de que, en la progresión de las enfermedades crónicas, la inflamación y la resistencia a la insulina actúan de forma sinérgica en lugar de independiente.

Sin embargo, la evidencia no es uniforme. 

En primer lugar, la magnitud y la forma de las asociaciones varían entre los estudios. 

Algunos estudios informan asociaciones lineales, mientras que otros identifican efectos no lineales o de umbral. 

En segundo lugar, el estado diabético parece modificar el valor predictivo del CTI en diversos contextos. 

En individuos no diabéticos o prediabéticos, el CTI puede identificar un riesgo inflamatorio-metabólico temprano, mientras que en la diabetes establecida, la hiperglucemia prolongada, la lesión microvascular, la disfunción renal, la obesidad y los efectos de la medicación pueden reducir la contribución predictiva incremental del CTI. 

En tercer lugar, los umbrales clínicos propuestos en los estudios individuales no son intercambiables debido a las diferencias en las características de la población, las plataformas de análisis, las definiciones de resultados y el modelado estadístico. 

Estas cuestiones explican por qué el CTI aún no debería utilizarse como una herramienta diagnóstica o de decisión terapéutica independiente.

El factor modificable más importante para reducir la CTI no se ha establecido en ensayos de intervención. 

Matemáticamente, dado que los triglicéridos (TG) y la glucosa plasmática en ayunas (GPA) entran en el término metabólico logarítmico con mayor ponderación directa que la proteína C reactiva (PCR), se esperaría que las reducciones proporcionales de TG y GPA redujeran la CTI más que la misma reducción proporcional de PCR. 

Sin embargo, biológicamente, los componentes son interdependientes: la pérdida de peso, la actividad física regular, la mejora de la calidad de la dieta, la reducción de la adiposidad visceral, un mejor control glucémico, la disminución de los triglicéridos y el tratamiento de afecciones inflamatorias crónicas pueden reducir la CTI simultáneamente. 

Por lo tanto, la estrategia más práctica no consiste en atacar un solo componente de forma aislada, sino en reducir los factores desencadenantes de la resistencia a la insulina y la inflamación crónica.

El valor clínico del CTI dependerá de si aporta información adicional a los modelos de riesgo establecidos. 

Los estudios futuros deberían evaluar la discriminación incremental, la calibración, el beneficio en la curva de decisión y la reclasificación al añadir el CTI a predictores convencionales como la edad, el sexo, la presión arterial, el perfil lipídico, el estado glucémico, la función renal, el tabaquismo, el índice de masa corporal y las puntuaciones específicas de la enfermedad. 

Además, los estudios longitudinales deberían diferenciar el CTI basal de la exposición acumulada al CTI y las trayectorias dinámicas del CTI, ya que la carga inflamatoria-metabólica persistente puede ser más relevante clínicamente que una única medición.

Es necesario reconocer varias limitaciones. 

El índice CTI incorpora la PCR, un reactante de fase aguda que puede elevarse por infección, traumatismo, enfermedad autoinmune, actividad cancerosa o procedimientos recientes. 

El índice CTI tampoco identifica la fuente de inflamación, el tipo de anomalía lipídica ni el mecanismo específico de la resistencia a la insulina. 

La mayoría de los estudios disponibles son observacionales, por lo que no se pueden descartar factores de confusión residuales ni causalidad inversa. 

Finalmente, la fórmula requiere unidades de medida estandarizadas y un manejo cuidadoso de los valores bajos o indetectables de PCR, ya que se utiliza una transformación logarítmica. 

Estas limitaciones deben considerarse detenidamente antes de que el índice CTI se incorpore a la práctica clínica habitual.

Como conclusión los autores enfatizaron en subrayar que el CTI es un biomarcador compuesto accesible que integra la PCR, los triglicéridos y la glucosa plasmática en ayunas para reflejar la carga inflamatoria y metabólica combinada subyacente a múltiples enfermedades crónicas. 

La evidencia actual sugiere que un CTI elevado se asocia con un mayor riesgo o un peor pronóstico en enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, síndrome de CKM, cáncer, diabetes y posiblemente osteoporosis. 

La principal contribución de esta revisión es sintetizar estos hallazgos específicos de enfermedades, que se expanden rápidamente, en un marco inflamatorio-metabólico unificado y aclarar dónde la evidencia es consistente, dónde es heterogénea y dónde la traslación clínica aún es prematura.

Actualmente, el CTI debe considerarse una herramienta complementaria para la estratificación del riesgo, más que un marcador diagnóstico independiente o una diana terapéutica. 

Antes de su uso clínico rutinario, futuros estudios deberían establecer umbrales estandarizados específicos para cada enfermedad, validar el CTI en diversas poblaciones, evaluar si mejora los modelos de riesgo establecidos y determinar si las intervenciones que reducen el CTI pueden mejorar los resultados clínicos. 

Estos pasos son esenciales para que el CTI pase de ser un biomarcador observacional a un indicador clínicamente útil del riesgo inflamatorio-metabólico crónico

Palabras clave: Índice de glucosa de triglicéridos de proteína C reactiva, resistencia a la insulina, enfermedad crónica, progreso de la investigación

* Yang S, Yao X, Chai J, Lu H, Tang W, Wu Z, He W, Xie Y. Clinical Significance of the C-Reactive Protein-Triglyceride-Glucose Index in Cardiovascular Disease, Stroke, Cardiovascular-Kidney-Metabolic Syndrome, Cancer, Diabetes, and Osteoporosis: A Narrative Review. Int J Gen Med. 2026 Jun 5;19:614184. doi: 10.2147/IJGM.S614184. PMID: 42273529; PMCID: PMC13248966.

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