Un grupo de investigadores de Italia y Bélgica realizaron una revisión sistemática de la literatura disponible con el propósito de analizar la prevalencia, el rumbo y el impacto pronóstico del deterioro cognitivo en pacientes sometidos o que lo serán a un procedimiento de trasplante cardíaco, y publicaron sus observaciones en la edición del 2 de mayo de 2026 de Aging Clinical and Experimental Research*.
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Para introducir el tema, los autores enfatizaron que el trasplante cardíaco (TxC) es la opción terapéutica definitiva para pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) en etapa terminal, ya que ofrece la oportunidad de mejorar tanto la esperanza como la calidad de vida.
El deterioro neurológico, en particular la disfunción neurocognitiva, antes y después de la cirugía cardíaca, tiene un impacto sustancial en los beneficios esperados del transplante.
El deterioro cognitivo (DC) es frecuente en pacientes con IC y se asocia con un pronóstico adverso y una menor calidad de vida.
Su desarrollo puede verse influenciado por la gravedad de la enfermedad, la disfunción extracardíaca y factores perioperatorios e intraoperatorios, como la ventilación prolongada, la hipoperfusión cerebral y la inflamación sistémica.
Además, las comorbilidades cardiometabólicas, en particular la diabetes, frecuentes en pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada, se han asociado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y pueden contribuir de forma independiente a su desarrollo leve o exacerbarlo, lo que representa importantes modificadores clínicos al interpretar el rendimiento cognitivo en el contexto pretrasplante
Tras el procedimiento, una mejor adherencia al tratamiento puede ayudar a mitigar la progresión de ciertos déficits, en particular los relacionados con la atención y la memoria.
Sin embargo, los estudios disponibles sobre el deterioro cognitivo (DC) en candidatos a ser transplantados siguen siendo heterogéneos y difíciles de comparar, lo que subraya la necesidad de definir mejor su impacto tanto en candidatos como en receptores.
Además, si bien las tasas de supervivencia han mejorado significativamente, comprender el impacto de los deterioros neurocognitivos en candidatos y receptores de transplante sobre su calidad de vida (CdV) es crucial.
La insuficiencia cardíaca (IC) en sí misma tiene efectos perjudiciales sobre la CdV, que puede verse aún más comprometida por las limitaciones funcionales, las comorbilidades y los síntomas de depresión.
Es importante destacar que, para muchos pacientes, mantener o mejorar la CdV es igual o más importante que la longevidad como objetivo principal del tratamiento.
Varios estudios longitudinales han evaluado los cambios en la CdV entre los receptores de trasplante a lo largo del tiempo, identificando factores que influyen en los resultados a largo plazo.
Estos incluyen la edad, el estado de salud previo al trasplante, la presencia de complicaciones, el apoyo social y los mecanismos de afrontamiento.
Además, el periodo postrasplante se caracteriza por un elevado riesgo de rechazo e infección, lo que requiere terapia inmunosupresora de por vida y monitorización continua.
Se ha demostrado que la adopción de estilos de vida más saludables, la adherencia al tratamiento farmacológico y el acceso a atención médica de alta calidad mejoran significativamente tanto la supervivencia como la calidad de vida en los receptores de trasplante cardíaco.
Esta revisión tiene como objetivo principal analizar si se realiza una evaluación cognitiva en esta población antes del trasplante cardíaco y qué pruebas se administran para llevarla a cabo.
Posteriormente, se evaluará el efecto del trasplante cardíaco en las capacidades cognitivas.
Además, la revisión busca identificar factores relacionados con la cirugía cardíaca que puedan influir en la calidad de vida de esta población.
Reiterando lo expresado en forma sintética, el trasplante cardíaco (TC) representa el tratamiento definitivo para pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) en etapa terminal.
Las complicaciones neurológicas, en particular el deterioro cognitivo (DC), pueden influir en el pronóstico y, por lo tanto, afectar los beneficios generales del TC.
El DC en la IC se asocia con la gravedad de la enfermedad, la disfunción extracardíaca y factores perioperatorios o intraoperatorios, como la ventilación prolongada, la hipoperfusión cerebral y la inflamación sistémica.
Sin embargo, los estudios existentes sobre el DC en candidatos a TC son muy heterogéneos, lo que limita la comparabilidad y subraya la necesidad de comprender mejor su impacto tanto en los candidatos como en los receptores.
Esta revisión sistemática se registró en PROSPERO (CRD42024549051) y se publicó de acuerdo con las guías PRISMA.
Se realizaron búsquedas en PubMed, Scopus y Embase para identificar estudios publicados entre 2013 y junio de 2024.
Los estudios elegibles evaluaron la función cognitiva en pacientes adultos con insuficiencia cardíaca sometidos a trasplante cardíaco.
De 1188 registros revisados, ocho estudios cumplieron con los criterios de inclusión.
La mayoría de los estudios cognitivos emplearon la Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA por sus siglas en inglés de Montreal Cognitive Assessment or MoCA Test)), mientras que dos utilizaron baterías neuropsicológicas completas.
La evidencia confirmó que el deterioro cognitivo es común en pacientes con insuficiencia cardíaca y trasplante cardíaco.
La incorporación del estado cognitivo en las evaluaciones de fragilidad mejoró la predicción de resultados adversos, incluyendo hospitalización prolongada y menor supervivencia.
El deterioro cognitivo se observó con frecuencia en el período inmediatamente posterior al trasplante, a menudo vinculado a la terapia inmunosupresora de alta dosis y la anemia, mientras que se reportaron mejoras a largo plazo en la atención, la memoria y la función ejecutiva.
Al proponer la discusión de los hallazgos realizados, en primer lugar los autores realizaron un resumen de los principales que encontraron.
El objetivo principal fue examinar cómo se evalúa el deterioro cognitivo en candidatos a trasplante cardíaco y comprender la progresión de esta condición tras el trasplante.
Las funciones cognitivas se investigaron exhaustivamente en dos estudios, mientras que los seis restantes evaluaron el deterioro cognitivo mediante herramientas de cribado como el MoCA.
Se evaluó también el deterioro cognitivo antes de realizar el trasplante cardíaco.
Cinco de los ocho estudios cognitivos tuvieron como resultado principal la supervivencia postrasplante, mientras que solo dos examinaron específicamente las capacidades cognitivas en relación con el rendimiento cardíaco.
Cabe destacar que ambos estudios de supervivencia evaluaron el impacto del rendimiento cognitivo en el contexto de la fragilidad.
La evaluación de la fragilidad en candidatos a trasplante cardíaco de mayor edad se integra cada vez más en las evaluaciones de elegibilidad, ya que es un predictor más fiable de resultados adversos que la edad cronológica por sí sola.
Si bien la fragilidad física ya se reconoce como un predictor de menor supervivencia postrasplante y estancia prolongada en la unidad de cuidados intensivos (UCI), ambos estudios demostraron que la incorporación del deterioro cognitivo al fenotipo de fragilidad (fragilidad cognitiva) aumentó aún más la prevalencia de la fragilidad.
Además, considerar el rendimiento cognitivo junto con la fragilidad física mejoró el poder predictivo de los resultados postrasplante cardíaco y también se asoció con tiempos de intubación más prolongados.
Es importante destacar que, aunque el deterioro cognitivo a menudo se atribuye al envejecimiento patológico, es plausible que los propios mecanismos relacionados con la insuficiencia cardíaca contribuyan a estos déficits, independientemente de la fragilidad.
En este contexto, la mayor prevalencia de fragilidad debida al deterioro cognitivo en pacientes con insuficiencia cardíaca terminal probablemente sea secundaria a la enfermedad subyacente.
Esto se ve respaldado por la evidencia de correlaciones entre un rendimiento cognitivo reducido y una peor función cardíaca, incluyendo un índice cardíaco en reposo bajo, una clase NYHA más alta y una fracción de eyección del ventrículo izquierdo reducida.
Respecto a cambios cognitivos tempranos postrasplante los autores señalaron que los déficits cognitivos suelen persistir en el período postoperatorio temprano, probablemente influenciados por la terapia inmunosupresora en dosis altas y la anemia.
Si bien la terapia inmunosupresora es de por vida, su impacto cognitivo negativo parece ser más pronunciado en la fase inicial, cuando las dosis son más altas y las condiciones perioperatorias aún afectan la función cerebral.
Sin embargo, a largo plazo, la función cognitiva tiende a mejorar, como se muestra en los tres estudios que investigaron a pacientes trasplantados de corazón, lo que probablemente refleja una combinación de menor carga farmacológica, mejor gasto cardíaco y recuperación física general.
En relación a la recuperación cognitiva a largo plazo y los déficits residuales, los autores plantearon que en concreto, Xiong et al. informaron que, 10 días después del trasplante, la atención y la orientación empeoraron, especialmente en pacientes con una función cognitiva basal más deficiente.
Este hallazgo sugiere que las secuelas cognitivas tras el trasplante cardíaco no se deben únicamente a un deterioro preexistente, sino que también están directamente influenciadas por el procedimiento.
Es importante destacar que, dos años después del trasplante, la recuperación de la atención, las habilidades visoespaciales y la memoria a corto plazo se asociaron con una mayor supervivencia.
De forma similar, Roman et al. aportaron evidencia que respalda estos hallazgos mediante una amplia evaluación neuropsicológica de candidatos a trasplante cardíaco.
Observaron que funciones cognitivas como la función ejecutiva, la memoria y la velocidad de procesamiento disminuyeron con el aumento de los niveles de péptido natriurético tipo B (BNP) y el deterioro de la función diastólica del ventrículo izquierdo.
Esta asociación se mantuvo significativa incluso cuando se ajustó por afecciones neurológicas concomitantes, lo que resultó en una prevalencia de deterioro cognitivo leve (DCL) en este grupo que superó las tasas observadas habitualmente en personas mayores de 65 años.
Considerando estos patrones heterogéneos y cambios temporales, se necesita una interpretación más integradora de las trayectorias cognitivas a lo largo del proceso de trasplante.
Si bien la literatura disponible sigue siendo heterogénea y de alcance limitado respecto al marco conceptual de las trayectorias cognitivas en candidatos y receptores de trasplante cardíaco, la evidencia recopilada en esta revisión sugiere que la disfunción cognitiva en candidatos y receptores de trasplante cardíaco sigue una trayectoria de tres fases, caracterizada por patrones distintos de deterioro y recuperación:
1. Vulnerabilidad cognitiva pretrasplante: deterioro neurocognitivo de origen cardíaco.
Antes del trasplante, los pacientes suelen presentar déficits en las funciones ejecutivas, la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento, independientemente de la edad o las comorbilidades neurológicas.
Estas alteraciones se correlacionan con marcadores de gravedad cardíaca, como niveles elevados de BNP, disfunción diastólica y disminución del gasto cardíaco.
Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que los mecanismos relacionados con la insuficiencia cardíaca —incluida la hipoperfusión cerebral, la inflamación y las alteraciones metabólicas— contribuyen directamente al deterioro neurocognitivo.
Esta fase refleja un estado de vulnerabilidad intrínseca en el que el deterioro cognitivo aumenta la fragilidad y puede comprometer la elegibilidad, la adherencia al tratamiento y la evolución postoperatoria.
2. Alteración cognitiva temprana postrasplante: efectos relacionados con la cirugía y la terapia.
El periodo postoperatorio inmediato se caracteriza por un deterioro transitorio, especialmente en la atención, la orientación y la memoria de trabajo, más pronunciado durante los primeros días o semanas posteriores al trasplante cardíaco.
Este deterioro se asocia probablemente con la terapia inmunosupresora de alta dosis, la anemia, la inestabilidad perioperatoria y la ventilación mecánica prolongada.
Las personas con una función cognitiva preoperatoria más deficiente tienden a mostrar el mayor deterioro, lo que refleja una interacción entre la vulnerabilidad basal y los factores estresantes relacionados con el trasplante.
Esta fase representa un periodo de alteración cognitiva aguda durante el cual la detección temprana puede ayudar a reducir la carga en la UCI y la morbilidad a corto plazo.
3. Reorganización cognitiva tardía postrasplante: recuperación con posibles déficits residuales.
A largo plazo, la mayoría de los pacientes muestran mejoría en las habilidades visoespaciales, la atención y la memoria a corto plazo, lo que probablemente refleja un mayor gasto cardíaco, una menor inflamación sistémica y la estabilización del tratamiento.
Sin embargo, en un subgrupo de supervivientes a largo plazo persisten déficits, especialmente en la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas.
El funcionamiento intelectual premórbido y variables fisiológicas como el VO2 máximo parecen modular la recuperación, lo que respalda el concepto de variabilidad individual en la resiliencia neurocognitiva.
En conjunto, estas tres fases describen una trayectoria dinámica y no lineal del funcionamiento cognitivo en torno al periodo del trasplante.
Comprender esta trayectoria subraya la necesidad de evaluaciones cognitivas sistemáticas tanto antes como después del trasplante cardíaco y proporciona una base para desarrollar intervenciones específicas, como la prehabilitación cognitiva y la monitorización postoperatoria estructurada, con el fin de reducir la vulnerabilidad y mejorar los resultados a largo plazo.
Impacto en la calidad de vida y los resultados de la hospitalización
La calidad de vida (CdV) representa un resultado crítico para los pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) sometidos a trasplante cardíaco (TC).
La evidencia disponible, utilizando herramientas heterogéneas (Cuestionario de Cardiomiopatía de Kansas City, KCCQ, Cuestionario EuroQol de 5 dimensiones y 5 niveles, EQ-5D-5L, Cuestionario de Salud SF-36, Lista de Síntomas-90, SCL-90), muestra que el deterioro cognitivo compromete la adherencia al tratamiento y exacerba los síntomas psicológicos, influyéndose mutuamente y afectando gravemente la CdV tanto de los pacientes como de sus cuidadores.
Los hallazgos confirman la literatura existente que indica que los pacientes con IC grave están más expuestos a complicaciones neurológicas y neuropsicológicas.
El deterioro cognitivo en uno o más dominios puede comprometer la adherencia al tratamiento médico, los síntomas psicológicos y ambos afectan negativamente la CdV de los pacientes.
Si bien los resultados del estudio de Mapelli et al. destacan que la cirugía de reemplazo, en este caso la implantación de un LVAD, en pacientes con insuficiencia cardíaca puede tener un impacto favorable en la reducción y/o estabilización de posibles complicaciones neurológicas y/o neurocognitivas, los hallazgos también enfatizan claramente la influencia mutua y recíproca de las complicaciones neurocognitivas y los síntomas psiquiátricos o psicológicos.
Estos factores no solo afectan la calidad de vida de los pacientes, sino que también tienen un impacto significativo en la aparición de problemas psicológicos entre sus cuidadores.
Además, las condiciones de vida social, así como la gravedad de las deficiencias funcionales y cognitivas, se reconocen cada vez más por su impacto en los resultados cardiovasculares, particularmente en relación con el autocuidado diario, la adherencia al tratamiento, la rehabilitación y la duración de la hospitalización.
En resumen, la calidad de vida (CdV) de los pacientes con insuficiencia cardíaca y/o aquellos sometidos a cirugía de reemplazo, como el trasplante cardíaco y/o la implantación de un DAVI, parece influir y verse influenciada por la aparición de complicaciones neuropsicológicas.
Las intervenciones dirigidas a estabilizar la condición cardíaca parecen tener un impacto positivo en varios dominios neurocognitivos, reduciendo así las complicaciones psiquiátricas y/o psicológicas a lo largo del curso de la enfermedad, preservando en última instancia la calidad de vida tanto de los pacientes como de los cuidadores.
Diversos estudios han destacado que los pacientes con cardiopatías y sus cuidadores, en particular aquellos con insuficiencia cardíaca crónica, tienen mayor probabilidad de experimentar síntomas psiquiátricos y psicológicos, además de eventos neurológicos, infecciones e insuficiencia cardíaca derecha.
Asimismo, la presencia de complicaciones neurocognitivas, al aumentar tanto la duración como la frecuencia de las hospitalizaciones necesarias para el manejo de la enfermedad (Pavol), puede agravar los desafíos sociales y de rehabilitación en pacientes con insuficiencia cardíaca.
Esta condición puede afectar gravemente la adherencia al tratamiento, la calidad de vida de los pacientes, las vías de rehabilitación y la recuperación de la autonomía funcional en las actividades de la vida diaria.
Implicancias clínicas y futuras líneas de investigación
Varios estudios en la literatura científica destacan claramente que la presencia de problemas neurológicos y/o deterioro neurocognitivo, en diferentes enfermedades crónicas, se asocia estrechamente con estancias hospitalarias más prolongadas, mayores costos de hospitalización e incluso tasas de mortalidad más elevadas en entornos hospitalarios.
Los hallazgos de esta revisión resaltan claramente la estrecha relación entre las dimensiones neuropsicológicas y psicológicas —en particular la calidad de vida— en pacientes con insuficiencia cardíaca.
Cabe destacar también que estos factores proporcionan parámetros importantes para la reflexión, que van más allá de la conceptualización actual de la calidad de vida en la literatura.
En particular, el impacto circular de estas dos dimensiones se observa no solo en la duración y la recurrencia de las hospitalizaciones, sino también en las vías de rehabilitación y tratamiento, así como en el marco social y de atención general del paciente.
Por lo tanto, la evaluación de la función cognitiva en pacientes adultos en espera de un trasplante cardíaco puede tener implicancias significativas para la evolución postoperatoria.
La detección y el tratamiento precoces de los déficits antes de que progresen a deterioro cognitivo leve podrían mejorar la adherencia al tratamiento, acortar las estancias hospitalarias, reducir el riesgo de depresión postrasplante y, en última instancia, aumentar la supervivencia.
Además, se ha sugerido la identificación e implementación de programas de prehabilitación multidimensionales adaptados a cada paciente antes de la cirugía como una estrategia para mitigar los efectos adversos del procedimiento y mejorar los resultados.
En particular, conviene considerar varios determinantes clave: las barreras socioeconómicas y el bajo nivel educativo, que pueden limitar el acceso a la evaluación neuropsicológica pretrasplante (Jha et al., 2016).
La evaluación cognitiva debe interpretarse en el contexto del nivel educativo, la alfabetización en salud y el trasfondo cultural, ya que estos factores influyen sustancialmente en el rendimiento de la prueba.
Por lo tanto, el uso de instrumentos de cribado no ajustados puede aumentar el riesgo de clasificación errónea, lo que podría dar lugar a resultados falsos positivos, especialmente entre personas con menor nivel educativo o pertenecientes a poblaciones culturalmente diversas.
La depresión, que afecta a un estimado del 20-42% de los pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada en espera de trasplante, representa un importante factor de confusión, ya que puede imitar y exacerbar el deterioro cognitivo.
A diferencia del deterioro cognitivo, para el cual el cribado pretrasplante estandarizado sigue siendo inconsistente, la evaluación de la depresión ya está integrada en la evaluación psicosocial recomendada por las guías, con herramientas validadas y vías clínicas estructuradas disponibles.
A pesar de la clara evidencia que vincula el deterioro cognitivo con resultados clínicos relevantes, a menudo con mayor intensidad que la fragilidad física, esta revisión destaca la poca frecuencia con la que se realizan evaluaciones cognitivas pretrasplante en la práctica clínica.
Dada la alta prevalencia y la naturaleza heterogénea del deterioro cognitivo en candidatos a trasplante cardíaco, una evaluación neuropsicológica formal y sistemática podría ser apropiada como parte de la evaluación rutinaria del trasplante, particularmente en pacientes mayores de 65 años.
Se podrían considerar investigaciones de segundo nivel, como neuroimagen estructural o biomarcadores sanguíneos seleccionados, cuando se sospecha clínicamente una etiología neurodegenerativa.
Además, actualmente no existen estrategias diagnósticas ni terapéuticas disponibles para abordar específicamente estos déficits y sus secuelas postrasplante.
Hasta donde se sabe, ningún estudio ha examinado sistemáticamente el papel de la terapia inmunosupresora en la progresión del deterioro cognitivo en receptores de trasplante cardíaco.
La evaluación del rendimiento cognitivo y su impacto en los resultados funcionales a menudo se subestima, incluso en pacientes evaluados para otros tipos de trasplante de órganos sólidos.
Por este motivo, han surgido iniciativas para validar herramientas específicas para trasplantes capaces de identificar déficits cognitivos antes de la cirugía y, por lo tanto, reducir su impacto posterior al procedimiento.
El reconocimiento temprano de dichos déficits puede ayudar a identificar a los pacientes que podrían beneficiarse de programas de prehabilitación cognitiva específicos.
Si bien solo unos pocos estudios han examinado los efectos del entrenamiento multicomponente en esta población, los resultados preliminares son prometedores.
La validación e implementación de estos programas se están expandiendo cada vez más en las evaluaciones de trasplantes de órganos sólidos, demostrando mejoras en los resultados, incluyendo la calidad de vida y la posible reversibilidad de la fragilidad.
Además, estos hallazgos son consistentes con las recientes Guías de la ESC, que enfatizan que la fragilidad —incluidos sus componentes cognitivos y psicosociales— es una condición dinámica y potencialmente reversible cuya evaluación es esencial en adultos mayores con enfermedad cardiovascular.
Las Guías también destacan la ausencia de protocolos de detección estandarizados para la evaluación de la salud cognitiva y mental en poblaciones cardíacas complejas, reforzando la necesidad de una evaluación neuropsicológica estructurada y vías de manejo multidisciplinarias para los candidatos a trasplante cardíaco.
Lo que se desprende claramente es que existen importantes implicaciones clínicas derivadas de la evaluación tanto de la fragilidad como de la cognición: dos factores interconectados y modificables capaces de alterar la evolución posterior al trasplante.
Esta laguna en la literatura subraya la necesidad de investigar más a fondo los efectos cognitivos a largo plazo del tratamiento inmunosupresor.
Una mejor comprensión de cómo estas terapias contribuyen al deterioro cognitivo podría ayudar a desarrollar estrategias para minimizar su impacto y mejorar la calidad de vida general de los pacientes trasplantados de corazón.
Los autores admitieron limitaciones del estudio
Hasta donde se sabe, esta es la primera revisión sistemática que integra la fragilidad física y cognitiva, las características hemodinámicas y los resultados funcionales en sujetos ancianos candidatos a trasplantes de corazón.
En primer lugar, el número de estudios elegibles fue pequeño, particularmente en lo que respecta a la calidad de vida, lo que limita la generalización de los hallazgos.
En segundo lugar, existió una considerable heterogeneidad entre los estudios en términos de diseño, tamaño de la muestra, características de los pacientes y herramientas de evaluación, especialmente la dependencia de instrumentos de cribado como el MoCA en lugar de baterías neuropsicológicas completas.
En tercer lugar, la mayoría de los estudios fueron observacionales, con un seguimiento limitado, lo que restringe las conclusiones sobre causalidad y resultados a largo plazo.
En cuarto lugar, no se puede descartar un posible sesgo de publicación, ya que es posible que los estudios que informan hallazgos negativos o no concluyentes hayan tenido menos probabilidades de ser publicados.
Finalmente, la búsqueda se limitó a estudios publicados en idiomas específicos, lo que podría haber excluido trabajos relevantes de otras regiones.
A pesar de estas limitaciones, los resultados convergen para resaltar la necesidad urgente de vías diagnósticas estructuradas en esta población y enfatizar la importancia de realizar más investigaciones para caracterizar mejor los mecanismos fisiopatológicos subyacentes al deterioro cognitivo asociado con la insuficiencia cardíaca.
Estos mecanismos pueden diferir tanto en los perfiles clínicos como epidemiológicos de los observados en enfermedades neurodegenerativas.
En pacientes mayores con deterioro cognitivo leve (DCL) detectado mediante cribado, se deben considerar pruebas neuropsicológicas de segundo nivel, neuroimagen y biomarcadores sanguíneos emergentes para establecer un diagnóstico diferencial preciso entre el deterioro relacionado con la insuficiencia cardíaca y los procesos neurodegenerativos tempranos.
Como conclusiones los autores señalaron que esta revisión destaca la importancia de evaluar sistemáticamente la función cognitiva en candidatos a trasplante cardíaco, ya que el deterioro cognitivo tiene un impacto significativo tanto en los resultados postoperatorios como en la calidad de vida.
A pesar de la sólida evidencia que vincula los déficits cognitivos con una menor supervivencia y estancias más prolongadas en la unidad de cuidados intensivos (UCI) tras el trasplante, las evaluaciones cognitivas pretrasplante aún se realizan con poca frecuencia, lo que revela una brecha crítica en la práctica clínica actual.
La investigación futura debería priorizar el desarrollo de estrategias diagnósticas y terapéuticas para el deterioro cognitivo en esta población, prestando especial atención a los efectos a largo plazo de la terapia inmunosupresora en los resultados cognitivos.
* Parrotta I, Valente M, Piazzalunga E, Scarpa E, Mantini D, Danesin L, Rossi C, Borgese L, Golfieri L, Burgio F, Potena L. Cognitive impairment in heart transplantation: prevalence, trajectories, and prognostic impact – a systematic review. Aging Clin Exp Res. 2026 May 2. doi: 10.1007/s40520-026-03356-w. Epub ahead of print. PMID: 42070000.