«Sin sombra, sin brillo, sin mariposas, sin abejas /
¡Ni frutas, ni flores, ni hojas, ni pájaros!
¡Noviembre!
Thomas Hood
En colaboración con la inteligencia artificial.
Tomamos como figura emblemática representativa de este mes que se inicia, a Thomas Hood, (Londres, 1799 – 1845) que fue un Poeta británico, hijo de un impresor escocés que había intentado los caminos de la literatura, y que pudo muy bien afirmar haber nacido «con la tinta en la sangre».
Huérfano de padre a los doce años, fue educado por dos solteras que le llevaron a estudiar a la Clapahm Academy, a la cual dedicaría el poeta una de sus odas.
A los veintidós años fue nombrado subdirector de The London Magazine, envidiable cargo que le valió cierta libertad económica y la amistad y el aprecio de la sociedad literaria, en la cual destacaban William Hazlitt, Thomas de Quincey y, sobre todo, Charles Lamb.
Fue una figura bisagra en la literatura inglesa y europea del siglo XIX, reconocido por su capacidad única para combinar el humor ligero con una profunda denuncia social.
En cambio, para nosotros, miembros de CARDIOLATINA, que habitamos en el hemisferio sur,
noviembre es el mes del clímax primaveral, la explosión absoluta de la vida y el despuntar de flores y frutos y el escalón necesario hacia el verano.
A diferencia de la melancolía otoñal de Hood y el deshoje con el que se le asocia en el hemisferio norte, en el sur noviembre es un poema de luz, calor ascendente y renacimiento.
Noviembre es un estiramiento del tiempo.
La oscuridad retrocede visiblemente y los días se vuelven largos y generosos.
Poéticamente, representa la victoria definitiva de la luz sobre las sombras invernales.
Las tardes se vuelven doradas, tibias y eternas, invitando a la contemplación y al encuentro al aire libre.
Es el mes de las «primeras veces» del año: el primer calor verdadero, la primera brisa nocturna que no enrojece el aire.
Si noviembre tuviera un color en nuestras ciudades como Buenos Aires, Montevideo, Santiago, La Paz, Lima o Bogotá, sería el violeta encendido.
La floración de los jacarandás tiñe las copas de los árboles y alfombra las veredas con sus pétalos caídos.
Este fenómeno evoca una «lluvia de nostalgia alegre»: la belleza efímera que nace justo antes de que el verde del verano lo reclame todo.
Es la poesía de la naturaleza interviniendo el cemento.
Mientras octubre es el mes de los brotes tímidos, noviembre es el de la abundancia y la consolidación.
Las flores ya muestran el centro que se convertirá en fruto; los campos se vuelven dorados con el trigo que madura bajo el sol.
En la lírica del sur, noviembre es el puente entre la promesa (la primavera temprana) y la cosecha (el verano).
Representa la madurez de los proyectos y la confianza en la fertilidad de la tierra.
El aire de las noches de noviembre está impregnado del aroma dulce y penetrante de los jazmines.
Este perfume actúa como un disparador poético de la memoria.
El olor a jazmín en el hemisferio sur está indisolublemente ligado al fin del ciclo escolar, a las noches de ventanas abiertas y a la cercanía de las fiestas.
Es una fragancia que evoca tanto el romance presente como la nostalgia de los veranos de la infancia.
Es un mes de tránsito y víspera, donde el cuerpo y el alma se preparan para el misticismo del verano, la libertad y el descanso.
En resumen, en el sur, noviembre no es el mes de los muertos ni de la niebla; es el mes de la vida en su punto más alto y fragante, un poema escrito con sol, pétalos violetas y aroma a jazmín.
Para la medicina, noviembre permite evocar las siguientes fechas notables:
En Argentins, país sede del FIAI CARDIOLATINA:
Inspirados en ese contexto, noviembre para nosotros es el mes del ENCUENTRO académico científico anual y del Encuentro afectivo entre colegas de toda América Latina
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Será el 15avo que una vez más tendrá cabida en el CONGRESO ARGENTINO DE ARRITMIAS
* Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografia de Thomas Hood» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y Vidas, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/hood_thomas.htm